Chapu

Hasta siempre Chapu, ya nada será igual

17:22 16/06/2017 | Terminó hoy, en Valencia, la carrera deportiva del jugador más amado de la historia del básquetbol argentino. Se retira Andrés Nocioni. Chapu, el gran guerrero.

Hay personas a las que la vida le cambia en un día. Y la vida de Andrés Marcelo Nocioni cambió para siempre el 5 de agosto de 1995. Era un sábado del duro frío invierno en Santo Tomé, ciudad ubicada a 450 kilómetros al norte de Buenos Aires. Ese día, en cancha de Unión, se enfrentaba el local contra Rivadavia de Santa Fe en la categoría juveniles de la Liga Santafesina, una competición de la zona, a las 6.40 de la tarde. En Unión jugaba Andrés Nocioni. 
 
Le decían Chapu porque en verano el sol lo ponía rojo como el personaje de la serie El Chavo (Chapulín Colorado), y daba 3 años de ventaja ante sus rivales. Había nacido el 30 de noviembre de 1979 en el sanatorio Mayo de Santa Fe, pese a que todos creen que fue en Gálvez. Su familia esperaba una nena, que incluso ya tenía nombre (La historia había empezado cinco días atrás.
 
Gabriel Darrás, exjugador de la selección argentina, estaba en Buenos Aires y fue a tomar un café al bar El Dandy, famoso porque allí se había gestado la Liga Nacional Argentina, a partir de que su creador, León Najnudel, vivía enfrente. Y seguía siendo el sitio donde Najnudel, entrenador, pasaba sus tardes, siempre con amigos hablando de baloncesto. Darrás (santesfesino), se encontró con Najnudel. “¿Gaby, que jugadores jóvenes están surgiendo en Santa Fe?”, preguntó León. “Mirá, en Unión de Santo Tomé están jugando con muchos pibes muy jóvenes y me comentaron que hay uno que se destaca, Nochino, Nichino, algo así se llama”, respondió Darrás. Al día siguiente, Pedro Nocioni estaba tranquilo en su casa de Gálvez (a 70 km de Santo Tomé), cuando sonó el teléfono. Era Najnudel. Un amigo odontólogo que tenía en Santo Tomé le había conseguido el teléfono de la familia del joven buscado. “Mire, me dijeron que usted tiene un hijo que juega en Unión. ¿Cuándo lo puedo ir a ver?”. Pedro pensó que era una broma, porque Najnudel era una leyenda en la Argentina. Pidió una hora para averiguar cuándo era el próximo partido de Andrés. A la hora, Najnudel volvió a llamar. Sábado siguiente, a las 18, en Santo Tomé. “Allí estaré”, dijo León.
 
La anécdota sigue: León llegó ese sábado a la cancha de Unión y, como no lo reconocieron, le cobraron la entrada. Se sentó al lado de Pedro, miró el calentamiento de Chapu y, a los 3 minutos de empezado el juego, se levantó, saludó a Pedro y le dijo: “Ya ví todo lo que tenía que ver, lo van a llamar en los próximos días para que Andrés vaya a mi campus en Buenos Aires. Me voy a comer pescado al Quincho de Chiquito”. El Quincho de Chiquito era el restaurante más famoso de la zona, donde solía comer Carlos Monzón, el boxeador más exitoso de la historia argentina, campeón del mundo con 15 defensas de su corona, retirado en la cima.
 
Pedro no entendía nada. “A Andrés nadie le había dicho que Najnudel iba a ir a verlo, y cuando terminó el partido, y todos se habían enterado de su presencia, viene y me dice ‘¿a quién habrá venido a ver? Seguro que a Mauro’”. Mauro era Rotschy, que todavía juega en la Liga de la provincia de Córdoba. “No, te vino a ver a vos”, le dijo Pedro a su hijo. 
 
Pocos días después, a Pedro lo llamaron del Racing de Avellaneda (Buenos Aires), para organizar el traslado de Nocioni para sumarse al campus de Najnudel. Andrés viajó con su hermano Pablo en bus, estuvo 3 días y Pedro fue a buscarlo para llevarlo de nuevo a Santa Fe. “De los 25 chicos del campus me quedo con 2, uno era Andrés; va a ser muy bueno su hijo”, le dijo Najnudel a Pedro. Chapu tenía en ese entonces 15 años, era un completo desconocido a nivel nacional, y se mudaba al monstruoso Buenos Aires para empezar su carrera profesional. En el Racing debutó en la Liga Nacional el 29 de octubre de 1995. Vivía en la pensión Tita Mattiussi con jóvenes reclutados del baloncesto y del fútbol. Pero no era lo que esperaba. “La pensión era mala, lo alimentaban mal, yo tenía que mandarle plata para que pudiera comprarse algo para comer”, recuerda su padre. Andrés fue a préstamo a Racing, a cambio de 12 balones y algunas sudaderas. 
 
Su pase pertenecía a Ceci de Gálvez, donde se formó y crió. La experiencia Racing le valió mucho para la vida. El plan de Najnudel se fue al demonio a mitad de temporada y dejó al equipo. Pedro quiso llevarse a su hijo de regreso, pero Chapu no estaba dispuesto a volver atrás: “Yo me voy a abrir camino en otro lado”, dijo el chiquilín.
 
Jugó mucho para su edad ese año (13 minutos de media), pero la situación no daba para más. Pedro negoció entonces con su club, Ceci, y le compró la libertad por 10.000 dólares, a pagar en 4 cuotas. Najnudel se lo recomendó a su colega Horacio Seguí, que dirigía al campeón Olimpia de Venado Tuerto, otra ciudad santafesina, y lo ficharon. Allí se estaba armando un grupo de jóvenes muy prometedores, con dos de los cuales coincidió en su nueva pensión: Lucas Victoriano y Leonardo Gutiérrez. También estaba un chico con unas manos que hacían que el balón pareciera una naranja: Walter Herrmann. Y, entre los mayores, dos líderes como Jorge Racca y Alejandro Montecchia. Con Leo comenzó una amistad entrañable que dura hasta hoy, y quiso el destino que ambos anunciaran su retiro con una diferencia de 3 semanas: Chapu el 3 de abril de este año, Leo el 24 del mismo mes. “Cuando nos conocimos casi nos agarramos a trompadas en una práctica y creo que eso fue el puntapié para nuestra amistad. Después compartimos muchas selecciones, muchas habitaciones de hotel en los viajes y nos dimos cuenta que teníamos gustos parecidos”, dice Gutiérrez. 
 
En Olimpia se alimentó bien, pero los pesos de salario casi nunca llegaron. El Banco que sostenía al equipo quebró y así murió el segundo proyecto en el que participaba el rubio de energía y actitud inagotable. 
 
Llegó entonces otro momento que lo marcaría. Julio Lamas había tomado todas las selecciones nacionales de Argentina y un grupo de jugadores prometía con la cabeza puesta en el Mundial Sub 22 de Australia. “León me había presentado ese año a Chapu diciéndome que iba a ser el mejor alero de la historia de la Liga”, recuerda Lamas. En esa selección estaban, como estrellas, Lucas Victoriano y Fabricio Oberto, pero también Leandro Palladino, Gabriel Fernández, Leonardo Gutiérrez y Pepe Sánchez. También un bahiense muy flaco que recién surgía, Emanuel Ginóbili, y un niño que daba 5 años de ventaja para la categoría, Luis Scola. El equipo hizo el tramo final de sus prácticas en Chile. Como Lamas estaba con la mayor, al equipo en Chile lo dirigía su asistente, Enrique Tolcachier. En el último entrenamiento (siempre muy duros), Chapu recibió una falta, que Tolcachier dejó pasar. Luego otra, que también el entrenador soslayó. La tercera falta sin pitar enfureció a Nocioni, que se destrozó la camiseta y encaró como un tren al entrenador. Aunque nadie se anima a confirmar el final de la historia, hay dos versiones. Una que le dio un puntapié en el culo a Tolcachier y otra que lo tomó del cuello y lo levantó en el aire. Lamas no tuvo más remedio que cortarlo, y Chapu se quedó afuera del inolvidable equipo, que llegaría a semifinales de aquel Mundial. Dice Pedro: “Me llamó y me dijo que lo habían cortado, que había tenido un problemita con Tolcachier, y que lo fuera a buscar a la estación de buses, pero nunca me contó qué pasó, aunque sé que tuvo un acto de indisciplina. El temperamento está bien, pero todo tiene un límite. Era insoportable”. Lamas reconoce hoy que no tuvo opción, y recuerda una anécdota insólita. “Once años después de ese incidente, estábamos en Pekín en los Juegos Olímpicos, yo como asistente, y nos pusimos a conversar. Chapu me dice en un momento que cuando se retire quiere tener un equipo de Liga en Argentina y que yo lo dirija. Bueno, le dije. ´¿Sabés qué quiero hacer? Quiero que me digas qué jugadores fichar, contratarlos, armar un gran equipo y hacer todo el plan... y el día antes de empezar el campeonato, te corto´”. Chapu 100%.
 
Aunque apareció Atenas de Córdoba en su horizonte, el club con más títulos ganados en la historia argentina, Nocioni se decidió por Independiente de General Pico, La Pampa, que desde su ascenso a la máxima categoría siempre se había instalado como mínimo en semifinales. Fue allí que, por primera vez, firmó su contrato con sus primeros agentes, Claudio Villanueva y Carlos Raffaelli. “Chapu era un potrillo que tenía una energia increíble, como pocas veces se habia visto. Tenía un plus, algo. Yo soy de los que dice que no es todo corazón y alma. Para mí tenía talento. Sin eso no llegás a la carrera de Nocioni. Podés ser emblemático, pero no tener esa carrera”, dice Villanueva, que sigue siendo su agente. 
 
En Independiente pegó el salto. “Me acuerdo que en la primera práctica tomó un rebote ofensivo, saltó y se la enterró en la cara a los tres pivotes del equipo. Tenía una actitud avasallante. No podías creer que tuviera 17 años. Igual, no me imaginaba que iba a tener semejante carrera. Sí que podía ir a Europa, pero no todo lo que hizo”, rememora Facundo Sucatzky, compañero en aquel equipo. “Era el que más trabajaba, el más aguerrido y el que más claro tenía lo que quería”, dice su entrenador de entonces, el puertorriqueño Flor Meléndez. Ese año llegaron a semifinales y para Andrés fue un antes y después, porque a fines de 1997 conoció a Paula Aimonetto. Tenían 18 años y nunca más se separaron. Para su cumpleaños 18, Chapu tenía una obsesión: su primer coche. Independiente le entregó un Renault Clío de 2 puertas para compensar lo que le adeudaba. Chapu estaba feliz. Tiempo después se enteró que el club nunca terminó de pagar el auto. 
 
En la segunda campaña con Independiente, el equipo llegó a la final y perdió en 7 juegos ante Atenas, su frustrado equipo anterior. Nocioni hizo una Liga formidable y ya era seguido por Alfredo Salazar, del Tau Cerámica. A mediados de ese año, se cerró el acuerdo por 3 temporadas. Terminada la Liga, Chapu debuta en la selección mayor en el Sudamericano de Bahía Blanca con 19 años (también dirigido por Lamas) y luego va al Preolímpico en Puerto Rico, donde se enfrentaron al Dream Team de Duncan, Kidd, Payton, Garnett y demás. En ese partido, Chapu tomó un balón, penetró por línea de fondo y le hizo un mate en la cara a Garnett y Duncan. “En el banco saltábamos todos, no podíamos creerlo. Si eso hubiese pasado hoy, hubiera ido directo a la NBA”, dice Lamas. 
 
Chapu completó el año con la selección con los Panamericanos de Canadá, donde otro hecho lo marcó. Jugando ante Puerto Rico, tuvo un durísimo roce con Antonio Latimer, al que le anticipó que en la salida a los vestuarios saldarían deudas. Y así fue. Nocioni le pegó una trompada que lo dejó knock out. Al día siguiente, en el comedor de la villa donde se hospedaban todos los atletas, Latimer se vengó con un golpe desde atrás que terminó en un escándalo. En España, las noticias llegaron rápido. “Me decían si había contratado a un loco”, reconoció Salazar en el especial de Real Madrid TV sobre Chapu, Campo de Estrellas. Villanueva viajó con Chapu a España y el tema central de sus charlas fue no comentar nada sobre el incidente. Al arribar a Vitoria, lo primero que le dijeron los del Tau fue “por fin tenemos a alguien que sabe dar hostias”. La estrategia previa, a la basura.
 
El Tau ofreció pagarle la deuda que Independiente tenía con él (40.000 dólares), pero con la condición de que, si su rendimiento no satisfacía, el dinero debía ser devuelto. Chapu no tenía pasaporte europeo y eso era una traba, además de significar el 50% del contrato mientras no lo tuviera. Primero debía conseguirlo su padre, para así pasarle la nacionalidad a Andrés. Chapu volvía loco a Pedro todos los días para que agilizara los trámites. En diciembre de 1999, Pedro tuvo su pasaporte y, en enero del 2000, Chapu el suyo. Desde noviembre, el entrenador del Tau era Julio Lamas, y en febrero se jugaba la Copa del Rey en Vitoria. Chapu jugó el primer partido, que perdieron contra Estudiantes, pero en su primer salida a pista, le dio una tremenda hostia a Chandler Thompson que provocó el delirio del públco, al que ya tenía comprado. ¿La figura de ese partido? Felipe Reyes. Casualidades de la vida.
 
Para que mejorara su juego, el Tau decidió darlo al Manresa de la LEB, con el que fue elegido el mejor jugador del torneo. En la temporada 2001/02 volvería a Vitoria y empezarían tres años mágicos, con una liga ganada (2001/02) y dos Copas del Rey (2002 y 2004). Allí empezó también su especial vínculo con Dusko Ivanovic, que lo marcaría definitivamente. Ambos chocaban permanentemente y las multas a Chapu se sumaban casi a diario. “Cuando yo llegué me llevó a recorrer el club y, cuando llegamos al gimnasio de pesas, me dijo que era de él. Porque se había construido con todas las multas que le habían hecho”, dice Leandro Palladino, otro exjugador muy cercano a Chapu. 
 
Con la selección, el 2002 terminó siendo un año casi perfecto. Chapu fue clave en la primera derrota de un Dream Team, en el Mundial de Indianápolis, y si no hubiese sido por la inexperiencia, se hubieran coronado campeones invictos, pero Yugoslavia tenía a Bodiroga, y el festejo se frustró en la final. 
 
La revancha llegaría dos años después, en Atenas, ya con el plantel más experto y con una enorme sed de revancha. Pese a jugar de manera menos vistosa, rindió a tope en los partidos decisivos de eliminación ante Grecia, Estados Unidos y en la final contra Italia. Lo que jamás se había soñado en un país como Argentina, era realidad: campeones olímpicos.
 
A todo esto, al terminar la campaña 2003/04, el Real Madrid hizo contacto con Villanueva: quería llevárselo. El agente se reunió con Lolo Sáinz y Alberto García Chapuli y estaba todo bien, pero no hubo acuerdo entre el Madrid y Baskonia. Nocioni no quedó muy contento por la situación. En la Copa del Rey de ese año, John Paxson, de Chicago, había ido a verlo y, tras ese choque Real-Tau, los Bulls fueron a fondo, lo trataron de maravillas e hicieron una ingeniería contractual para que Chapu pudiera pagar la salida del Baskonia (3 millones de dólares), sin resignar dinero. Casi sin darse cuenta, Nocioni estabe en la NBA, a la que nunca había aspirado. El quería jugar en Europa, pero si alguien lo había inspirado en la NBA era Scottie Pippen. “Yo no quería ser Jordan, quería ser Pippen”, dijo en CDE. Y el destino quiso que él, con su enorme energía, pusiera a los Bulls en playoffs por primera vez desde que su modelo y Jordan se fueran de Chicago en 1998. 
 
Con Chicago tuvo cuatro temporadas excelentes. En la segunda, fue elegido el mejor jugador del equipo y, como en todos los sitios donde jugó, el publico lo amó. Sin embargo, en la temporada 2008/09, quizá por algún comentario mal entendido de Chapu, los Bulls decidieron que era el momento de una reestructuración y, antes de salir para jugar ante Milwaukee, lo llamaron aparte para avisarle que había sido transferido a Sacramento, el peor equipo de la NBA en ese momento. Nocioni, años después, reconoció que, de alguna manera, ese día la NBA se terminó para él. En Sacramento la pasó mal, en Philadelphia un poco mejor, pero ya nada era igual. Para colmo, casi desde su arribo a Estados Unidos, con Paula habían definido que los niños estudiaran en Argentina de marzo a diciembre, por lo que durante una buena parte del año Chapu se quedaba solo. Lo que le daba vida en esos años duros era la selección. A veces con sinsabores, como en el Mundial 2006, cuando tuvo en sus manos la chance de dejar a España sin el oro, lanzando un triple para definir el partido, con pocos segundos en el reloj (perdía Argentina por uno). El balón pegó en el aro y salió y Argentina no pudo repetir el título tras ganar los Juegos. Durante mucho tiempo, Chapu usó la foto de ese tiro fallado como fondo de pantalla de su ordenador, para no olvidarlo.
 
En el 2008, en Pekín, todo cambió y dio una de sus tantas lecciones de amor, entrega y coraje en el partido por el bronce ante Lituania. Estaba lesionado (de hecho, se perdió los primeros 26 partidos de la temporada siguiente en Chicago, que probablemente fueron clave para que los Bulls decidieran traspasarlo), pero tras el golpe anímico que significó para Argentina sufrir la lesión de Ginóbili en semifinales, había que sacar orgullo de algún lado. “Le decíamos a Andrés que no se pegara mucho a Siskauskas, porque era muy bueno y lo podía pasar, pero Chapu se le iba encima. En una, así, le roba un balón en medio campo, corre y hace un mate tremendo. Volvió mirándonos y riéndose. Manu estaba en la punta del banco de suplentes y no lo podía creer”, dice Lamas. Justamente con la selección sufrió su mayor decepción en el Mundial 2010. Andrés tenía unas ganas enorme de jugarlo. En una práctica de preparación, en Salta, sufrió un esguince fuerte de tobillo. Los médicos de Philadelphia, pese a que Chapu se recuperó y hasta jugó dos amistosos en Ankara, usaron el reglamento y le impidieron jugar. Chapu ya estaba en Kayseri, subsede del torneo. Faltaban apenas dos días para el debut ante Alemania. Al año siguiente, en el Preolímpico de Mar del Plata (Argentina), tuvo su revancha a todo volumen, aunque no pudo disfrutarla al ciento por ciento por lesionarse en el partido previo a las semifinales. Igual, lo gozó como todo el equipo, que hacía 12 años no jugaba una competición en casa.
 
Londres 2012 era el final supuesto de la Generación Dorada, como se le conoce a ese grupo increíble de jugadores. Andrés ya era otra persona, porque se había ido de la NBA para volver a aterrizar en Vitoria y recuperar la alegría del juego, que desde su salida de Chicago solo conseguía con la selección argentina. En Londres, tras una enorme victoria ante Brasil en cuartos y derrota ante Estados Unidos en semifinales, llegó el juego del bronce ante Rusia. Y otra vez Chapu tuvo un tiro al final para ganar el partido, y falló. Nadie merecía menos esa situación que Andrés, el alma dentro del alma, como reza el slogan de la Confederación Argentina sobre su carrera con la celeste y blanca. 
 
Los últimos años de Chapu fueron una sucesión de situaciones, la mayoría positivas. Tras terminar con Baskonia la 2013/14, sintió que ya no podía ser el jugador estrella que tirara del carro y entonces volvió a aparecer el Madrid, que había intentado ficharlo un año antes. Esta vez aceptó. “Pensé que era el equipo justo para mí, que podía darle lo que le faltaba”. El equipo blanco venía de dos frustraciones en la final de la Euroliga y Chapu encajó perfecto. Con él, los madridistas ganaron todo en la 2014/15: Siupercopa, Copa, Euroliga, Liga e Intercontinental. Algo nunca visto antes. Y Chapu, con 35 años, coronó la temporada siendo elegido el MVP de la Final Four, donde llevó a su equipo al título que se le negaba desde hacía 20 años. Nocioni, además, consiguió en ese verano del 2015 la clasificación a los Juegos en un Preolímpico memorable en México, donde fue determinante. 
 
Le faltaban pocas cosas. Río 2016 fue su despedida de la camiseta que más amó en su vida, la de la selección argentina. Y lo hizo a lo grande. En un partido clave de la fase de grupos, les tocó enfrentarse a Brasil, nada menos, y en su propia casa. El entrenador de Brasil era Rubén Magnano, su técnico en aquellos memorables 2002 y 2004. Magnano basó su estrategia en soltar el tiro de tres puntos de Chapu. Error fatal. Nocioni jugó uno de sus mejores partidos con la selección y, a cinco segundos del final, clavó el triple que llevó el juego a tiempo extra. Memorable. Fue el mejor partido de los Juegos, y terminó con triunfo argentino 111-107 y Chapu anotando 8 triples y 37 puntos, el máximo en su carrera con Argentina. 
 
Al comenzar la temporada 2016/17, y viendo que su protagonismo en el Madrid ya no iba a ser el mismo, empezó a pensar en el retiro. Se lo comentó a su padre. “Me preguntó cuándo creía yo que era mejor anunciarlo, si al inicio o al final de la temporada. Yo le dije que me parecía mejor al final, pero no aguantó”, dice su padre. Los más cercanos, pocos, lo sabían. Incluso en la Copa de Vitoria, donde Andrés fue decisivo en los dos primeros cruces, el Madrid quiso renovarle, pero la decisión ya estaba tomada. Sobre fines de abril, dio el paso más difícil de su carrera y, en su cuenta de Twitter, escribió lo que le salió del corazón. “No quería llegar a ver a un jugador que no soy”, nos dijo en Estambul en ocasión de su última Final Four. 
 
Apretó los dientes cuando Laso no lo convocó para la semifinal ante Fenerbahce, jugó ante CSKA por el tercer puesto con el compromiso y el profesionalismo de siempre y se preparó para el último mes de su enorme carrera sin nada de lo que arrepentirse. “Andrés es el hermano que siempre quisiste tener, el cuñado ideal, el yerno perfecto, el tipo generoso que siempre está cuando lo necesitás”, lo define Claudio Villanueva, su agente de toda la vida. Chapu es eso y mucho más. Es un pibe que se hizo hombre a los 15 años y que, luego de 23 años de carrera, se despidió hoy sin poder reprocharse absolutamente nada. Sin una sola gota de sudor por dar. 
 
 
En Twitter: @basquetplus
 

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