Fabián García

Miguel Romano

Julio Lamas

Oscar Huevo Sánchez

Nº 99 - Agosto 2010
en esta edición:

Especial Mundial de Turquía 2010:

El plantel argentino

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La Página del Peje

21/02 | Los cuentos del Peje

Anticipo paranormal


El Gallego y Daniel eran los comentaristas deportivos más reconocidos de la Liga. Hacía mucho tiempo que trabajaban juntos y prácticamente habían inaugurado el segmento de básquetbol del canal. Si bien eran dos personas muy diferentes, se complementaban a la perfección cuando trasmitían partidos nacionales o internacionales.

El Gallego Jerez se encargaba de los relatos y Daniel Klein de los comentarios. Entre los dos habían creado un modelo que cautivaba a los telespectadores y aumentaba el rating del programa cada año.

Últimamente, debido a sus compromisos laborales, el Gallego estaba atravesando un período de estrés muy importante. En algunas transmisiones la memoria le había jugado una mala pasada con nombres y referencias de jugadores, dato imperceptible para los televidentes pero falla imperdonable para él, que era un obsesivo de citas y fechas. Daniel trataba de consolarlo minimizando la situación y aconsejándole que se tomara unas vacaciones de descanso, pero la temporada estaba en su pico y él no pensaba ceder ante la presión de sus responsabilidades. Tal era su preocupación que, recomendado por un amigo, había comenzado a tomar clases de concentración y memoria veloz.

El curso estaba a cargo de un personaje muy misterioso que decía llamarse Licenciado Gobert Braum. Los teóricos y prácticos se dictaban martes y jueves a la noche en una antigua casona del barrio de Belgrano. Integraba técnicas de memorización multidimensional, neurolingüística, meditación activa y autoconocimiento.

El Gallego hacía dos meses que concurría a las clases. No sólo había recuperado la memoria sino que la capacidad de improvisación que lo caracterizaba en los relatos crecía gradualmente.

Hasta acá todo era normal, salvo por un pequeño dato.El director de cámaras notaba en cada encuentro que el Gallego se adelantaba unos segundos a los acontecimientos que sucedían en el campo de juego…

Alberto rebobinaba y volvía a rebobinar la grabación y no podía entender dónde estaba la falla; la voz del Gallego relataba una falta intencional que la cámara registraría ¡tres segundos después! Y al repasar los partidos de los últimos meses volvía a encontrar en varias oportunidades ese misterioso desfasaje de segundos, suficiente para preocupar a un especialista que se manejaba por la lógica y la razón.

- Gallego, quiero hablar un minuto con vos -le dijo Alberto en un tono ceremonioso-. Yo no estoy loco, acá en las transmisiones locales no hay “delay”, pero vos relatas las cosas antes de que pasen…

Jerez lo miró casi con consternación. El ya lo había notado, no lo tenía en claro pero sabía que algo en su mente se anticipaba a lo que luego vería en la pantalla o en la cancha. Muchas veces esperaba el acontecimiento para no separar tanto el relato del hecho.

-¿Sos adivino Gallego? ¿Tenés poderes?

- Para nada, esto sólo me sucede cuando relato. Debe ser por ese curso que estoy haciendo con Gobert Braum -respondió apartando de sí las cualidades mágicas que pudieran existir en el asunto-.

De ahí en más se generó una situación tan extraña cómo simpática. Los cámaras estaban atentos al relato y trataban de enfocar rápidamente lo que Jerez predecía segundos antes. Desde el camión de exteriores apostaban pizzas y cervezas a la exactitud de la predicción.

La noticia había trascendido al equipo de producción y tanto jugadores como asistentes lo miraban con desconcierto. Jerez se había transformado en un arma tan misteriosa como temeraria. Si bien algunos colegas subestimaban los hechos restándole importancia y atribuyendo los sucesos a la casualidad, otros apostaban a su conocimiento del juego. Pero en realidad la envidia se apoderaba de quienes en su interior reconocían que Jerez estaba un paso adelante del resto.

- Profesor, ¿puede ser que esto me suceda debido a su curso? – le preguntó en una oportunidad el Gallego a Braum-.

- Jamás sucedió antes. Creo que los ejercicios despertaron en usted un don que permanecía dormido -respondió con sinceridad.

- Más que un don es un karma…-dijo Jerez sacudiendo la cabeza.

- El tema es poder escapar a tiempo, antes de convertirse en un esclavo de su propio don…

Nuevamente los dos equipos más fuertes de la competencia llegaban a la final atravesando un playoff difícil y peleado. El celular del Gallego estaba al rojo vivo por la cantidad de llamadas que recibía solicitándole la premonición del resultado final. El contestaba con evasivas restándole importancia al hecho que no podía evitar ni controlar.

Era el día decisivo, la cancha explotaba de público. Las cámaras, los flashes y el griterío  flotaban sobre el parquet. Ultimo cuarto. Los milrayitas estaban arriba por un punto y faltaban ocho segundos. El local había solicitado minuto para armar la ofensiva.

La mesa de trasmisión estaba ubicada a un costado de la de control y allí Daniel y el Gallego relataban la gran final. La atención de la gente se posaba incómodamente en el periodista buscando averiguar qué pasaba por su mente.

En el minuto, los jugadores de ambos equipos, lejos de escuchar a sus técnicos, sólo miraban a Jerez cómo pidiendo la receta mágica, el dato, la jugada magistral que los catapultara a la gloria. No sólo ellos estaban expectantes. Los asistentes de ambas escuadras, teléfono celular mediante, recibían el relato del Gallego y trataban de anticipar la acción.

El bullicio de la multitud cesó como si todos se hubieran puesto de acuerdo. Los jugadores regresaron al campo de juego. Sólo quedó en el ambiente la voz de Jerez reiniciando el relato luego de la tanda publicitaria. Recién había cortado una conversación breve y casi en clave en su teléfono celular.

Miles de ojos lo miraban. El ya podía predecir su karma y lo difícil de su futuro. Los dones y las virtudes no son gratuitas, y todo lo que da poder genera también dolor. El árbitro dudó en habilitar la pelota como quedando a la espera de la voz del relator. Tres segundos antes el Gallego había dicho:

- El árbitro con su mano en alto parece dudar en el reinicio del juego

La pelota salió hacia Raimundo que, señalando la camiseta, indicó la jugada. Dos segundos antes Jerez comentaba:

- La pelota en manos de Raimundo, indicando camiseta a sus compañeros…

Sólo faltaban cuatro segundos. La defensa rayaba el borde del foul y la pelota ya estaba en manos del tirador, que con un pase inesperado a Robins habilitaba una penetración con bandeja directa al aro. Tres segundos antes el Gallego profetizaba:

- …¡pase a Robins que penetraaa!.... corte de luz en el estadio… ¡¡inesperado apagón que interrumpe el partido!!

La tecnología, con sus vueltas caprichosas evitaba el cierre de la final jugándole una mala pasada a la magia. El desperfecto era grave, se tendría que posponer para otro momento la emoción del desenlace.

Detrás de la escena, cómo entre bambalinas, el hermano del Gallego, electricista de profesión, se alejaba silbando bajito por los pasillos con un paquetito de herramientas en su bolsillo y el celular cómplice en la mano.

Jerez, desde su puesto de trabajo, se secó la frente con un pañuelo y suspiró profundo y aliviado. Por esta vez le había ganado al determinismo de su percepción extrasensorial.

 

El Peje / elpeje@basquetplus.com

 

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