
Nació el 16 de octubre de 1969 en Punta Alta, Provincia de Buenos Aires. Comenzó como fotógrafo en la revista Encestando con sólo 16 años. Luego se trasladó a Buenos Aires, donde trabajó para medios gráficos como Sólo Básquet, Súper Deportes, Mística y La Razón. Coautor de las primeras siete ediciones de la Guía Oficial de la Liga Nacional de la AdC. Desde 1993 es el productor periodístico de las transmisiones de Torneos y Competencias y en 1998 fundó la revista Básquet Plus. Cubrió los últimos cinco mundiales mayores, dos Juegos Olímpicos, cuatro Torneos de las Américas, un Sudamericano mayor, un Sudamericano juvenil, dos mundial sub 22, dos Final Four de la Euroliga, una Copa del Rey, dos All Star Game de la NBA y una final NBA.
Peñarol fue campeón porque fue el mejor, porque tuvo al mejor jugador, al mejor entrenador, a la mejor dirigencia y al público más fiel. Un combo imposible de equiparar.

Cuando un club empieza a armar ese fabuloso plan que es competir en la Liga Nacional (¡qué hermoso desafío!), imagino que en una primera reunión, al menos deben quedar claros ciertos puntos: qué se busca y cómo conseguirlo.
Leo Gutiérrez, tan pasional dentro como fuera de la cancha, no pudo contener el llanto cuando terminó el partido cuatro ante los agravios constantes de los cordobeses. Una prueba más de su grandeza y de lo mal que estamos como sociedad.

Para algunos cordobeses, muchos más de los que nos gustaría, Leo Gutiérrez es un mercenario. O un traidor, como algún imbécil hasta se tomó el trabajo de poner en una bandera que, con mucha sabiduría, las autoridades hicieron retirar del Orfeo antes del comienzo del cuarto partido entre Atenas y Peñarol.
La mayor diferencia de estas finales en relación a las del año pasado, siendo los mismos rivales, es que el hombre desequilibrante ahora lo tiene Peñarol.

El equipo de
Sergio Hernández ha logrado lo que siempre se busca antes del comienzo de una
temporada: ir de menor a mayor y alcanzar el pico de rendimiento en las
finales. Los marplatenses no solamente consiguieron eso, sino que se llevaron
tres títulos consecutivos y la motivación que tienen por devolverle a la ciudad
un título que se les niega hace 16 años es inmensa. Para eso, cuentan con el
elemento D que cualquier aspirante a campeón necesita: Leonardo Gutiérrez, el
mejor jugador de la década y que, a esta altura, pelea palmo a palmo con Pichi
Campana por el cetro mayor de la historia. Como se dice en economía, lo de Gutiérrez
es intangible, imposible de medir o cuantificar. Leo tiene las virtudes que lo
diferencian del resto, porque las tiene todas (o casi), mientras que los demás
tienen alguna: ganador insaciable, absorbe la presión naturalmente y lo
disfruta, es líder, siempre labura para mejorar aspectos de su juego y, sobre
todo, hace mejor a sus compañeros. A partir de su presencia, ellos se potenciaron, especialmente
dos: Tato Rodríguez y Martín Leiva. Rodríguez fue el mejor base del año, entre
otras cosas, por los espacios que generó Leo y porque Hernández,
inteligentemente, le dosificó el tiempo en cancha con Campazzo y también las
responsabilidades. Tato es el base tirador más eficiente de la competencia y
aprovechó su enorme capacidad ofensiva más que nunca y eso hizo de Peñarol un
equipo con demasiadas vías de gol. Leiva fue quizá el más beneficiado por la
presencia de Gutiérrez. A diferencia del año pasado, en el que el pivote
dominante (Román González), tenía al lado a un cuatro pasivo (Byron Johnson),
esta vez el centro tiene espacios, buenos pases y confianza. Mucho lo genera
Gutiérrez. Por si esto fuera poco, el Oveja dio con el escolta ideal (Lamonte),
que a la ofensiva que le da similar a la de David Jackson el año pasado, le
agrega mayor personalidad para jugar los partidos calientes y las definiciones
cerradas. Ya lo demostró en la Liga de las Américas. Además, los marplatenses
cuentan con el banco más largo de la competencia, con roles bien claros:
Campazzo y Legaria en la base, Vega para escolta y alero, Diez y Reinick para
los internos. Hernández puede modificar su estructura poniendo un equipo alto y
fuerte defensivamente, o uno más pequeño y rápido, con Rodríguez de escolta.
Mil variantes. También es la defensa más sólida, en base a un plantel muy atlético,
con dos muralles como Leiva y Mata, más la energía que pone Campazzo desde el
banco. En definitiva, un gran plantel, con pocos defectos, que el Huevo Sánchez
tendrá que tratar de dejar desnudos en estas finales. ¿Qué
tiene Atenas? Primero, historia. Segundo, nombres con mucha jerarquía. Tercero,
y quizá lo más importante, infinitamente menos presión que su rival, que gane o
pierda esta final ya es el Peñarol con mejor récord en 23 temporadas de Liga.
Para saber cómo están los cordobeses en relación a Peñarol habrá que esperar y
analizar cuánto lo dañaron los 10 partidos de playoffs (contra 6 de Peñarol),
tanto en lo físico como en lo anímico. Si bien Atenas terminó bien, demostrando
que podía dar vuelta una serie como la de Sionista, seguramente también
quedaron algunas dudas en cuanto a lo que les costó superar a sus rivales en la
postemporada. Pero, sin embargo, en Atenas el problema pasa por otro lado. Ante
Sionista se produjo un cortocircuito entre la dirigencia y el plantel que, para
mal o bien, los afectó, y ante Peñarol sentirán la necesidad de demostrar que
están al nivel de esta definición. Tampoco quedó fluida la relación de Sánchez
con Lábaque, pero en Atenas sabemos que estas cosas han sido habituales a lo
largo de toda su historia. Habrá que ver si los protagonistas se la bancan.
Para Sánchez, el punto pasa porque sus jugadores están bien de la cabeza. No le
ha sido fácil en los playoffs, ni tampoco antes, ya que las lesiones le fueron
cambiando constantemente el armado del equipo y, superado eso, vino la decisión
de cambiar a Andre Laws por Albert White. La idea (mejorar la altura del
quinteto en cancha), no fue mala, pero todavía no le terminaron de encontrar la
vuelta al asunto, porque con Locatelli de dos se le complicó muchas veces
emparejar a rivales más pequeños (Sionista, por caso), lo que obligó a volver más
de una vez al esquema tradicional, pero con Figueroa de base y Cantero de dos. El entrerriano, si bien fue elegido mejor sexto hombre de la cancha y
naturalmente parece más dos que uno, no está del todo cómodo. Daría la sensación
que es más un jugador para ser el base titular de un equipo con 30 minutos en
cancha, y no tener el rol que tiene en Atenas. Además, cuando esa opción
funciona, Figueroa termina jugando demasiado tiempo y eso hace que termine muy
cansado. Además, cuando se elige esta opción, pasa a haber sobrepoblación de
aleros: Locatelli, White, Romero, Ferrini… y empiezan las caras largas. Sánchez
siempre fue un entrenador que se apoyó mucho en sus cinco titulares y acá es
muy difícil mantener contentos a todos. Encima, tanto Romero como Ferrini
sufrieron lesiones importantes que les cortaron una buena racha y ahora, que
quieren recuperarse, tienen algo menos de minutos de los que tenían. En el
juego interior ocurre algo parecido con Osella, aunque está claro que lo ideal
para el jugador con más partidos de todos los tiempos, es jugar 10/15 minutos y
en ese tiempo hacerlo intenso, defender bien y hacerse fuerte en su tablero,
para no permitir segundas opciones (uno de sus problemas en estos playoffs).
Desde afuera (siempre es más fácil, claro) uno pensaría que lo mejor sería que
los jugadores se sientan más importantes. Una parte puede conseguirla el
entrenador. Otra, la más grande, los propios interesados. ¿Cómo será
la serie? Si bien las estadísticas no siempre cuentan, el hecho de que Peñarol
haya jugado en el Polideportivo, como local, 39 partidos entre Copa Argentina,
Liga Nacional, Súper 8, Liga de las Américas e InterLigas y haya ganado 38, es
una muy mala noticia para Atenas. De ese número, dos agregados: jugó 3 veces más
en el Poli por los clásicos ante Quilmes (1 en la Copa y 2 en la Liga) y los
ganó los 3. Y la única derrota que sufrió fue en su primer partido del torneo,
ante Obras. Esto es, lleva 35 victorias consecutivas como local en su cancha.
Atenas, obviamente, tiene que aislarse de estos números, pero no le será fácil.
Por
segunda vez en la historia de la Liga Nacional, dos equipos jugarán la final en
temporadas consecutivas. El dato marca varias cosas. Primero, que Peñarol y
Atenas están consolidados como clubes. También que sus dirigentes han sabido
armar planteles competitivos y mantenerlos, que ciudades grandes como Mar del
Plata y Córdoba permiten ampliar la base de los recursos económicos y que,
cuando se hacen bien las cosas, se suele llegar a buen puerto. Dentro de esto,
lo de Atenas es muy particular.
El bahiense se bajó de Turquía y ahora, seguramente, algunos cuestionarán su patriotismo. Los mismos que aquí no mueven un dedo para que las cosas mejoren.

Como bien argentinos que somos, críticos de lo nuestro y admiradores de lo ajeno, a veces perdemos panorama de dónde se encuentra nuestro básquetbol a nivel mundial. El título de Peñarol, una muestra más.

La Asociación de Clubes anunció esta semana la creación de una nueva competencia regional, entre los mejores cuatro equipos de Brasil y Argentina, pero en medio de los playoffs de nuestra competencia. ¿Quién la apoya?

El bahiense demostró que, a pesar de los 10 meses sin pisar una cancha para un partido oficial, el talento no se pierde y que la calidad sigue intacta.

Cuando se supo que Pepe Sánchez volvería a la Liga Nacional luego de arreglar con Obras, se escucharon en el mundillo del básquetbol muchas cosas, como ocurrió también cuando regresaron Espil en su momento, Wolkowyski o Victoriano.
1) Vuelve porque no le da más el cuero. 2) Viene a robar un par de años. 3) No va a cambiarle nada al equipo. 4) Le va a costar mucho adaptarse. 5) Etc, etc, etc.
En los casos mencionados, al menos (y en casi todos los casos), la voz de la gente se equivocó. Ojo, no siempre fueron meros hinchas los que dijeron eso. También periodistas, jugadores y gente muy involucrada desde adentro.
Este domingo, con el debut de Pepe en Obras, volvió a quedar demostrado que, como era lógico, el único problema que podía tener el bahiense para jugar era estar bien físicamente. Unico escollo posible.
Porque lo demás: el talento, la visión de juego, la calidad, el manejo de los tiempos y la inteligencia para saber qué cosa era mejor en cada momento, no se pierde. Es como cuando uno se sube a una bicicleta después de 20 años. Un pedaleo, dos, y ya está.
Pepe pedaleó y enseguida entró en una carrera que, eso sí, nadie pensó que sería tan impecable en su primer partido. Las 12 asistencias (segunda mejor marca de la temporada), fueron un número increíble, como también sus 14 puntos. Y no hablar su 30 de valoración.
Pero lo más importante de Pepe no fueron solo sus números. Los que vimos a Obras muchas veces este año, notamos ayer domingo algo más gravitante. Pepe logró que desaparecieran las caras largas, los reclamos (entre los jugadores, de los jugadores hacia el técnico), y que empezaran a aparecer, de a poco, caras de alegría, de satisfacción.
Juan Espil fue, quizá, uno de los más felices. Cuando salió del vestuario tras el partido, nos miró y dijo "Hacía rato que no veías buen básquet acá, ¿no?".
Y las sonrisas, que no tenían que ver solamente con la victoria, se multiplicaban. "Y hoy jugó a media máquina", nos decía Bruno Lábaque, triste por su lesión pero feliz porque el espíritu del grupo, en un partido apenas, parece haber cambiado.
No sabemos si Pepe jugará como el domingo todos sus partidos, si Obras seguirá ganando o perderá muchos partidos, pero lo que está claro es que Obras como grupo, ya no será el mismo, porque un tipo como Pepe, por categoría, logra que las cosas sucedan, una de las cuestiones que más le estaba costando al equipo tachero.
La posibilidad de que Manu Ginóbili juegue el Mundial de Turquía es cada vez más remota. ¿Por qué no hacer entonces un pacto de sangre para Londres?

Aunque todavía falte para que se anuncie, todos los indicios marcan que las chances para que Manu Ginóbili llegue al Mundial de Turquía son escasas.
Las contras: 1) Debe renovar su contrato o fichar en otro equipo. 2) Ha tenido demasiadas lesiones en los últimos 2 años. 3) Va a ser padre por primera vez aproximadamente a mitad de año.
Es cierto que todavía no están cerradas todas las puertas, pero apenas se ve una mínima hendija y, por las dudas, mejor no ilusionarse.
De lo que estamos seguros, más allá de todo esto, es que la carrera de Ginóbili en la selección no terminó en las semifinales de los Juegos Olimpicos 2008 contra Estados Unidos.
Primero, porque él mismo lo dice, y segundo, porque no nos imaginamos que Manu se resigne a que su último partido haya sido de jean, alentando a sus compañeros, pero no jugando.
Entonces, la idea es, ¿por qué no cerrar este ciclo brillante con todos en los Juegos Olímpicos de Londres en el 2012? Sabemos que algo así ronda la cabeza del bahiense (por lo menos en lo suyo individual) y que Fabricio Oberto, el otro con recorrido más corto por delante, no sería difícil de convencer.
Y aunque varios fueron quedando en el camino en estos años (Victoriano, Palladino, Montecchia, Sconochini, Pepe Sánchez), está claro, muy claro, que el quiebre será cuando Ginóbili deje la camiseta argentina para siempre.
Para Londres 2012 se podría armar un equipo un poquito veterano, es verdad (Ginóbili 35, Oberto 37, Scola 32, Nocioni 33, Prigioni 35, Herrmann 33, Quinteros 33, Leo Gutiérrez 34), pero de indudable talento. Con 3 o 4 jóvenes, ¿no le gustaría?
Es más, si la CABB logra la organización del Preolímpico 2011 (porque, entre otras cosas, para Londres habrá que clasificarse), ¿por qué no regalarle a los argentinos la posibilidad de verlos primero a todos juntos acá, como en Neuquén 2001?
Esta generación empezó en 1997, en un Mundial U22, prometiéndose llegar a algo grande. Lo consiguieron. Y aunque esa promesa sea más leyenda que realidad, nos encantaría creer que 15 años más tarde serían capaces de ponerse otro objetivo grande como meta y cierre de un proceso.
La Asociación de Clubes y Adecco realizaron un par de charlas de capacitación a la que apenas concurrieron algunos dirigentes. Encima, era obligatoria. Parece que ya saben todo.

Hay veces que resulta complicado entender a los dirigentes. Se quejan por el dinero que deben juntar para pagarle a sus figuras (¿alguien los obliga?), despotrican contra la Asociación de Clubes porque no los tienen en cuenta y mil cosas más.
Después ocurre lo siguiente. Jornadas de capacitación obligatoria para dirigentes de equipos de la Liga A y TNA en Mar del Plata, aprovechando el Súper 8. Disertantes, entre otros, el español Jordi Domenech, para hablar de estrategias de venta (¿necesitaremos algo así?) el jueves y Julio Lamas el viernes, hablando sobre liderazgo y trabajo de equipo (¿los dirigentes precisarán trabajar en equipo?).
Resultado. El jueves, se hacen presentes menos de 15 personas (directivos o representantes de Lanús, Belgrano de San Nicolás, Boca, Quimsa, Estudiantes de Bahía y muy pocos más), con un caso entre particular y ridículo: el padre de los hermanos Chahab en nombre de 9 de Julio de Río III. ¿Cuál era su función? Ocupar una silla en la charla para que el club no fuera multado, aprovechando que vive en Mar del Plata. Algo que históricamente se hizo también para las reuniones de categoría en Buenos Aires. Un total despropósito.
Se ve que lo que el español Domenech tenía para decirles (todo relacionado a cómo vender un producto), los dirigentes lo tienen conocido como la palma de su mano, por eso ninguno tiene problemas económicos y los sponsors hacen cola en la puerta de las insitituciones para publicitar ahí. O tienen que sacar gente de los estadios porque no alcanzan las localidades ante tanta demanda.
Al día siguiente, en la (excelente) charla de Julio Lamas, algo parecido, aunque con una convocatoria mayor: unas 35 personas, de las que deberíamos descontar unos 8/10 periodistas, otros 6 de la Asociación de Clubes más la gente de Adecco. Habría unos 15 directivos o empleados de clubes.
El tema era el trabajo en equipo, ese que tan bien hacen los dirigentes cuando se pisan los cordones entre ellos para sacar una ventaja transitoria, que a la larga perjudica a todos. La queja de los consultados por su ausencia era que "no nos pagan ni el viaje ni la comida". ¿Y? Los mayores beneficiados por poner en práctica las cosas que se dicen en este tipo de jornadas son los dirigentes, no los disertantes.
Debo reconocer que el hecho me provocó una de las peores rabietas del 2009, aunque entendí luego que no debía calentarme, porque, finalmente, cada uno hace con su vida lo que quiere. Lástima que el pato lo terminan pagando otros.
Después de conocerse los rivales de grupo y el esquema de partidos, todo el mundo analiza las chances de Argentina. Nosotros también, aunque desde otro ángulo.

Desde este martes 15 de diciembre, Sergio Hernández y todo aquel relacionado con la selección argentina de básquetbol deberán bancarse la ansiedad de un pueblo, justamente, ansioso.
Que el grupo es bueno, que es malo, que el primer cruce, que Alemania sin Nowitzki no existe, que, que, que, que...
Hernández, para su tranquilidad, y la nuestra, ya sabe cómo es esta historia. Para equipos como Argentina, el sorteo es muy relativo. Antes, cuando íbamos a meternos entre los 8 como gran objetivo, tenía mucha mayor incidencia. No queríamos toparnos de entrada con las Argentinas de hoy.
Por eso, se puede hacer un análisis del sorteo, pero inevitablemente muy superficial. Veamos:
1) Los rivales de Argentina en la primera fase, depende con qué plantel vayan, serán más peligrosos, o menos. Ya quedó demostrado (en el último Europeo) que si Alemania no tiene a Nowitzki, sus posibilidades varían muchísimo, aunque nacionalicen a Chris Kaman. Mark Cuban ya le prohibió jugar el Europeo. Difícil que repita esa actitud para Turquía, sobre todo porque el único motivo que tuvo FIBA para invitarla es que juegue el gran Dirk. Australia siempre pinta y poco concreta, dicen muchos. ¿Y si algún día concreta? Bogut está jugando su mejor temporada en la NBA, Andersen viene de romperla en el Barsa y tiene otro montón de jugadores aptos. Subestimarlos sería un error gravísimo. ¿Y Serbia? Viene de ser subcampeona de Europa con un plantel que promedió 22 años, lo que significa que ahora tendrán 23 de media. No es poco un año más de experiencia en un grupo tan joven y talentoso. Jordania y Angola, sobre todo los asiáticos, deberían quedar afuera en la zona inicial, salvo que los africanos, como hicieron en 1992 con España, quieren dar la sorpresa del torneo.
2) Argentina puede ser primera. Es cierto. Sobre todo si va completa. Y si no va completa también. A nuestro juicio, las únicas dos dudas reales que existen hoy son Manu Ginóbili (duda grande) y Walter Herrmann (duda más o menos grande). Creemos que el resto irá seguro, aunque tarden en confirmarlo. Pero así y todo, Argentina también puede ser segunda, tercera o cuarta en el Grupo. ¿Por qué no? Arranca contra dos fuertes (Alemania y Australia), todo un riesgo. Lo que queremos decir con esto es que no sería una tragedia si ocurre, porque puede pasar. También puede ocurrir que se gane el Grupo, lo que sería un logro notable.
3) Los cruces. Empezar a diseñar los cruces suena muy apresurado, pero siendo Argentina candidata, es bueno saber qué nos puede tocar, tomando como base lo ocurrido en los últimos torneos. Si los cabeza de serie ganaran sus zonas, algo tan factible que suceda como que no, el camino sería el lógico y no chocaríamos ni contra Estados Unidos ni contra España hasta una hipotética final. Excelente noticia. Ahora bien, eso puede irse al demonio solamente conque uno de los tres mencionados no gane su grupo.
4) Los grupos de la muerte. Es una discusión sin fin. Es cierto que mejores rivales desgastan más de entrada, como también que ganarle a los buenos envalentona a los grupos como pocas otras cosas. Y, por suerte, este será el Mundial menos desgastante que se recuerde, porque habrá un día de descanso en la primera fase, otro al finalizar la misma y, dependiendo de la colocación, varios más en los cruces. Para la estrategia de Hernández, puede ser clave.
En definitiva, y esto es lo bueno, Argentina va con todas las chances de volver a meterse en semifinales, y para eso tendrá que ganarle a varios excelentes equipos antes. No sea cosa que, bien de argentinos, ahora nos quejemos por eso.
Lo ocurrido esta semana con Diego Maradona en Uruguay pone aún más de manifiesto la jerarquía de la Generación de Oro.

"Que sigan chupando", "Vos también la tenés adentro". Suena obvio decir que da vergüenza ajena que el entrenador de la selección argentina de fútbol, Diego Maradona, se maneje en esos términos para comunicarse con la gente a través de la prensa, único sistema prácticamente que sirve para ese vínculo. En definitiva, esa es la función principal de la prensa, más allá de la opinión que los periodistas puedan brindar.
Un rato más tarde, el que habló, en otra conferencia, fue Marcelo Bielsa, ahora entrenador del equipo nacional de Chile, y fue tan placentero escucharlo como mortificante pensar que de la selección argentina casi que lo echamos (los argentinos), a patadas, por aquella temprana eliminación en el Mundial 2002, que nunca le perdonamos (los argentinos).
Y recordando al primer mencionado, Maradona, me preguntaba, ¿qué hubiesen hecho o dicho Manu Ginóbili, Luis Scola, Pepe Sánchez o Pablo Prigioni, por citar a algunos, en una situación similar? ¿Hubiesen respondido, como la mayoría de los jugadores de este equipo argentino que penosamente se clasificó al Mundial 2010, que lo de Maradona fue un desahogo? ¿Qué sanción interna, de los propios jugadores, hubiesen sufrido Julio Lamas, Rubén Magnano o Sergio Hernández?
Los tres mencionados, de hecho, también fueron parte de la Generación de Oro, entre otras cosas, porque siempre se manejaron dentro de la cultura del respeto y el trabajo. Se podrá decir que en el fútbol la presión y la trascendencia es otra, que los medios potencian reacciones como las de Maradona. Puede ser, pero nuestros basquetbolistas son parte de los más selecto del básquetbol mundial y en ningún sitio han entrado en ese juego.
Es la otra parte de la Generación de Oro, un grupo de enormes jugadores, talentosos, trabajadores, inteligentes y, sobre todo, modificadores de una historia previa de comportamientos dudosos que, desde su llegada, dio un vuelco de 180 grados.
La Argentina, en los últimos 10 años, no solamente tuvo una exitosísima actuación a nivel deportivo en el más alto nivel (Mundiales, Juegos Olímpicos), sino que en ningún caso (absolutamente ninguno), tuvo el más mínimo comportamiento irrespetuoso o fuera de lugar. Nunca jamás.
Por eso, cada día, debemos estar más orgullosos de los logros conseguidos dentro de la cancha, pero más todavía porque estos muchachos marcaron una bisagra en todo nivel que, por suerte (esperamos también que para siempre), no le da cabida a tipos como Maradona.
Argentina demostró una vez más, en Puerto Rico, que no le van las cosas simples. Si se hace un análisis de la historia de la Generación de Oro, se verán varias situaciones similares.

Derrota ante Venezuela 85-69 en el Premundial. Catástrofe. Echen a todos. No sirve ninguno. Esto demuestra que ya estamos para atrás, que somos un equipito más, que Hernández no entiende nada, que salvo Scola y Prigioni son todos del montón, bla, bla, bla, bla.
Reflexiones como estas escuché cientas en los primeros días del Premundial. Me hacía acordar bastante a los comentarios previos a Las Vegas, aún antes de que comenzara el torneo.
En aquella oportunidad, y también en esta, fui muy optimista. Estaba seguro que íbamos a conseguir una de las dos plazas para los Juegos Olímpicos en el 2008 (lo reflejé en mi análisis previo, ver Básquet Plus N° 63), como también que en Puerto Rico estaríamos entre los cuatro. De hecho, fui por más: aposté estar en la final.
Reconozco que el arranque no fue el esperado, pero no me preocupó demasiado, salvo por el improbable hecho de que algún jugador creyera que solo por ser Argentina íbamos a meternos entre los 4. Creía que entre Scola y Prigioni (básicamente), más otros varios líderes del plantel (Leo Gutiérrez, Pelussi), iban a encarrillar al que se fuera del camino.
Y así ocurrió, como ocurrió siempre con esta fabulosa Generación que arrancó por fines de los '90. Siempre tuvieron obstáculos. Algunos, incluso, parecían ponérselos ellos mismos para buscar desafíos nuevos. Repasemos.
Salvo el Mundial 2002, en el que el equipo desplegó un nivel tan alto como increíble, después hubo siempre algún problema.
Preolímpico 2003: Argentina empieza perdiendo contra México, nada menos, y después cae ante Venezuela en un final increíble. Estaba todo mal, pero en el cruce ante Canadá, el equipo fue una locomotora y arrasó a los de Nash.
Juegos Olímpicos 2004: Segundo partido. Caída fea contra España. Tres partidos después: caída contra Italia. Dos derrotas en cinco juegos y un nivel bajo en relación a dos años antes. Mente fría, decisión, personalidad y, de ahí en más, una categoría inigualable para llevarse la medalla de oro.
El 2005 no cuenta, porque Argentina fue al Premundial ya clasificado para Japón 2006. Mundial: gira espantosa por Europa y Singapur antes del torneo. Nos metían puntos hasta los mini de San Andrés y no podíamos ganarle a nadie. ¿Se había acabado la mística? Empezó el torneo y Argentina masacró a todos hasta la semi contra España, que se perdió por un tiro que no entró en la última bola.
Preolímpico 2007: sólo dos lugares para Beijing. Se baja Ginóbili, se baja Pepe Sánchez, se baja Nocioni, se baja Oberto, se baja Wolkowyski, se baja Gaby Fernández, se baja Jasen, se baja Gabini, se baja... ¿quedaba alguien?
Scola y Delfino eran los campeones olímpicos que debían dar la cara y Prigioni, el hombre que tenía que borrar la imagen del Mundial. Y lo hicieron. Se sobrepusieron a todos los (malos) pronósticos y dieron cátedra de buen juego de conjunto y, una vez más, personalidad.
En Beijing 2008, ¿hace falta recordarlo?: Derrota inicial ante Lituania y, desde allí, una masa. Hasta la fatídica semi ante los Estados Unidos, donde se lesiona Manu y Nocioni juega en una pierna. Así y todo, le dieron una paliza a Lituania por el bronce y se subieron al podio de nuevo.
¿Por qué esta vez iba a ser distinto? Para de la mística de este grupo es saltar vallas. Y si son altas, mejor. Pero cuando las pulsaciones cambian de ritmo, cuando no hay vuelta atrás, cuando las cosas importantes se deciden o cuando hay que agregarle corazón y personalidad a lo basquetbolístico, Argentina, esta Argentina, nunca falló.
El cordobés tomó una actitud de un jugador amateur. Vio que su gente lo necesitaba y viajó a Puerto Rico a ayudarlos. El detalle es todo lo que puso en riesgo.

Infinidad de veces uno ha escuchado a la gente, alguna gente, criticar a tal o cual jugador por no ir a determinado torneo con la selección argentina. Frases típicas: a) va a tener tiempo de descansar cuando se retire, b) ¿cuántos meses de vacaciones quieren?, c) no sienten la camiseta, d) sólo les importa la guita.
Aunque no negamos que alguna vez algunas de esas frases pueden haber dado en el clavo, muy pocas veces creímos que un jugador debía sentirse obligado a concurrir a una convocatoria. ¿No es patriota por eso?
Los deportistas profesionales, como lo son los basquetbolistas, tienen todo el derecho del mundo de no ir a un torneo, como el entrenador de turno tiene luego todo el derecho del mundo de no volver a convocarlo. Reglas del juego.
Sin embargo, aunque no hubiésemos criticado la ausencia de Pablo Prigioni en el Premundial, creemos que es totalmente justo elogiar a alta escala lo que el cordobés hizo esta semana por el equipo nacional (no vamos a decir por la patria, porque sonaría excesivamente chauvinista).
Prigioni estaba más para el no que para el sí, por múltiples razones: no se había firmado su contrato con el Real Madrid (de hecho hoy, técnicamente, todavía es del Baskonia), hacía dos meses que no se entrenaba por una fascitis plantar que lo tuvo a mal traer al final de la última temporada, debía mudar a su familia de Vitoria a Madrid una vez concretado el pase (que no ocurrió aún), y hacer las debidas conferencias (de arribo en Madrid, de despedida en Vitoria).
A pesar de ello, cuando Juan Pablo Figueroa se lesionó en Brasil y lo llamaron para decirle "te necesitamos", no lo dudó y dejó todo de lado para estar con sus compañeros.
A ver si se entiende. El Real Madrid gastará en él más de dos millones y medio de euros sólo por liberarlo, más lo que invertirá en el propio sueldo del argentino por los próximos dos años (otro tanto, más o menos). Y, encima, el Real Madrid dejó bien en claro que no lo entusiasmaba la idea de su participación en el Premundial.
Pero Pablo puso en la balanza todas las cosas que estaban en juego y apostó por lo que sentía. En un mundo dominado por el dinero y los intereses, Prigioni privilegió la camiseta y la lealtad a un grupo. Nada menos.
La Argentina va a jugar el Premundial con más bajas de las esperadas, más allá de la llegada o no de Pablo Prigioni, pero sigue teniendo un plus sobre el resto: filosofía de juego, identidad, conducta, carácter y confianza.

Somos argentinos. Para lo bueno y para lo malo. No es una virtud ni un defecto. Somos así. Durante décadas nos quejamos que la selección argentina no sabía a qué jugaba. ¿Jugábamos rápido? ¿Control? ¿Nos apoyábamos en los internos? ¿En los tiradores?
En cada torneo internacional cambiábamos de libreto y, normalmente, de entrenador. Con Boismené en los '90 queríamos anotar mucho, con Garrone la defensa era una ilusión y con Vecchio dependíamos de Espil.
El primero en cambiar la historia fue Julio Lamas en Grecia 1998. A pesar de que los resultados podrían haber sido mejores, se empezó a ver un equipo con juego internacional: balón controlado, mix entre juego interior y exterior (la aparición de Oberto fue determinante), mejora sustancial en la defensa.
Con Magnano, la explosión de la Generación Dorada hizo el resto. Argentina brillaba en ataque, pero más todavía en defensa, algo impensado apenas cinco años antes.
De allí en más, las pautas quedaron claras, más allá del cambio de algunos jugadores y del arribo de Sergio Hernández. También las reglas de conducta, algo que ya nunca más se discutió.
Por eso, ahora, suena extraño que muchas veces se dude con respecto a la calidad de la selección argentina con vistas a un Premundial como el de Puerto Rico. ¿Por qué tantas dudas?
Está claro que las ausencias, muy importantes, harán de este equipo un plantel un tanto inferior, a priori, del que, por ejemplo, fue a Las Vegas. Aunque venga Prigioni.
¿Pero alguien puede dudar que este equipo será competitivo? Lo dijimos en su momento antes del Preolímpico 2007: teníamos todas las chances de clasificarnos a Beijing. Y así ocurrió.
Y ahora creemos que, no solamente no debería haber problemas para meterse entre los cuatro primeros, sino que este grupo está en plenas condiciones para pelear el título.
Se habla del tema de Prigioni. Está claro que el futuro jugador del Real Madrid es clave, pero estamos seguros que ninguno de los otros tres bases convocados estará fuera del nivel del torneo. En absoluto. Ni siquiera Juan Fernández.
Además, este equipo tiene algunas ventajas notorias. En principio, Luis Scola. Es el jugador más importante que participará del Premundial. De todos los equipos.
Segundo, Argentina tiene una línea de juego que viene respetando ya hace una década que, para este tipo de torneos, es perfecta. No hay partido de cruce que defina la clasificación, sino que se clasificarán los cuatro equipos que mejor jueguen durante todo el desarrollo. La suerte de una noche no corre aquí.
Y en ese punto residirá la mayor ventaja del equipo de Hernández. Estará, como mínimo, la mitad del equipo que ganó el bronce en Beijing. Todos ellos jugadores con experiencia, calidad, carácter.
Esas características son clave. Se habla de los NBA de Dominicana (que prácticamente se conocerán en la primera práctica), del equipazo de Brasil (que viene de fracaso en fracaso), de cómo se potenciaron México, Panamá, Puerto Rico... ¿y Argentina? Entendemos que saca campos de luz en los rubros que definen esta clase de clasificatorios.
Por eso, a disfrutar una vez más de un equipo excelente, lleno de virtudes, consciente de sus limitaciones y, sobre todo, humilde. A pesar de tantos éxitos.
Estamos en Auckland, Nueva Zelanda. Una ciudad que, hasta hace no demasiado tiempo, sonaba exótica. Para la mayoría, estaba relacionada solamente a los All Blacks, pero en pocos días ya nos quedó claro que los exóticos somos cada vez más nosotros.

Estamos transcurriendo la mitad de nuestro cuarto día aquí en Auckland y hoy, sin darnos cuenta con mi compañero de habitación, Juan Laprovíttola, nos percatamos de algo. Todavía no vimos ningún policía.
Y no es que no hayamos andado por la ciudad, sino que todo parece estar en orden. Demasiado en orden.
La crisis mundial no da la sensación de haber afectado mucho el estilo de vida de los neocelandeses, que hacen todo a una velocidad media, sin apuros, sin nervios y con escasas muestras de problemas.
En cuatro días, vivimos tres situaciones sorpresivas, todas referidas al tránsito: un colectivero enojándose agriamente con una señorita que, delante suyo, manejaba una 4x4 mientras hablaba por celular. Sin insultar, le dijo de todo. "¿Dónde está la policía para castigarla?", mandó el chofer.
Segundo hecho: un muchacho intentando girar a la derecha, sin ver a otro auto que venía de enfrente. No necesitaron ni la bocina para resolver el entuerto.
Tercer hecho, visto por mi compañero y no por mí. Un conductor con su camioneta pasa fuerte encima de un charco y salpica a los que estaban en la vereda. Griterío de un chico que no entiende cómo alguien es capaz de semejante grosería.
Vimos un par de mendigos por la calle (no más que eso), cero peleas, cero discusiones en los bares, cero desubicación entre la gente que juega en el casino (que podrían ser más propensos) y un borracho, que en realidad creo que era croata.
Están a la misma altura del planeta que nosotros y, a decir verdad, bastante menos comunicados, pero las cosas funcionan como corresponden. ¿Dónde estará el secreto? Alguien nos dice, "el problema de ustedes es que los colonizaron los españoles, y a nosotros los británicos". Cada vez estoy más convencido que ésa es la punta del ovillo.
Los cordobeses se quedaron sin Leo Gutiérrez por una mejor y más larga oferta. Ahora se quejan de la locura que están pidiendo los jugadores, pero el año pasado fueron ellos los que rompieron el mercado.

Antes de empezar, aclaro algo. Felipe Lábaque me parece uno de los dirigentes más vivos de la historia de la Liga Nacional. Vivo por conseguir lo que quiere, vivo para negociar, vivo para que sus ofertas sean irresistibles.
A veces, lo que ocurre, es que se pasa de vivo. O por lo menos, lo lleva al extremo. Atenas salió campeón hace tres semanas, o sea, 20 días, y los cordobeses ya no pueden gozar del título.
¿Por qué? Porque las expectativas que se montaron sobre el futuro recibieron un enorme cachetazo con la partida de Leo Gutiérrez. Y, encima, a Peñarol.
Se podrá decir que los estatutos de Atenas no permiten que se fiche a un jugador por dos años cuando el mandato de Lábaque termina el año que viene, que Peñarol pagó una fortuna que Atenas no estaba dispuesto a pagar y miles razones más.
Sin embargo, la sensación que queda era que Atenas quiso tenerla más grande, para decirlo en criollo. Y se puso en el rol de "acá se paga y se hacen las cosas como digo yo". A veces sale bien. A veces, mal.
Si algo no puede decir Atenas es que los clubes están rompiendo el mercado, no porque eso no esté sucediendo (lo está), sino porque los cordobeses fueron los que lo rompieron a esta altura del 2008, cuando ficharon por dinerales a Magnano, Gutiérrez y Locatelli. ¿En ese momento valía?
Ahora, Atenas está sufriendo las consecuencias de una acción que ellos mismos tuvieron el año pasado. El tema es que a Felo no le gusta nada perder. En la cancha, pero menos todavía en su escritorio de presidente.
En los cinco partidos anteriores, Atenas no había podido capitalizar toda su experiencia acumulada, pero en el momento decisivo, esa diferencia entre ambos equipos fue clave.

El punto estadístico antes de la final en el que Atenas sacaba mayor diferencia ante Peñarol era su experiencia en finales. Doblaba a su rival en partidos, los triplicaba en títulos.
Sin embargo, en los cinco primeros encuentros, nunca pudo tirarle la camiseta encima a su rival. Lo reconoció el propio Magnano tras la increíble victoria en el qunto partido.
En ese cierre de juego empezó a notarse la diferencia. Al pibe Vega le tocó tener en sus manos la hazaña de ganar un segundo partido final en Córdoba (Atenas había perdido 2 partidos en su casa en todo el año) y no pudo meter ninguno de sus dos libres (ya tendrá revancha, seguro) y, por el contrario, los cordobeses liquidaron el suplementario con aplomo.
En Mar del Plata, en el sexto partido, pero primero con uno de los dos match point, las cosas se colocaron en su lugar. Los jugadores con experiencia (los de Atenas) marcaron el camino y, los que menos habían transitado ese terreno (los de Peñarol), pusieron mucho corazón, pero se resignaron ante un conjunto superior.
Es fácil hoy, con el diario del lunes, decir que Atenas fue superior, que tuvo jugadores con trayectoria y que en Peñarol algunos fracasaron (Johnson fue el caso más visible). Sin embargo, qué difícil es armar un equipo hoy con jugadores que uno sepa van a rendir en los momentos calientes.
Atenas lo pudo (y supo) hacer por varios motivos. Porque el entrenador era Rubén Magnano, porque varios ya estaban en el equipo (Osella, Lábaque, Figueroa, Romero), porque era quizá el único club que podía tentar desde el corazón a un fuera de serie como Leo Gutiérrez y porque, con suerte o no, logró encajar al centímetro a dos extranjeros particulares, como Kante y, sobre todo, Laws.
Al final de cuentas, lo que hizo Atenas, además de jugar un básquetbol tremendamente efectivo, fue sacarle todo el jugo a su historia. Una historia que, como da, también quita si no se la sabe aprovechar. Y en Córdoba, en los últimos años, el club había sido manejado como uno más. Ayer quedó claro que no lo es.
Está claro que, si Atenas sale campeón de esta Liga, mucho tendrá que ver Leo Gutiérrez, pero lo que está haciendo Figueroa es enorme.

Debo reconocer, antes de comenzar este análisis, que Juan Pablo Figueroa siempre fue una debilidad para mí. Lo ví en sus comienzos, hace ya varios años pese a sus actuales 23 (recién cumplidos) y siempre creí que tenía todo para llegar.
Lo defendí en sus peores momentos, como aquel año en el que le encajaron la titularidad de un Atenas complejo y no le fue bien, pero sostuve que igual le sobraba tiempo para corregir sus defectos, que eran bastante claros: era inofensivo (sin tiro ni penetración), y demasiado bueno, ausente de picardía.
Tras algunas temporadas en la irregularidad, la llegada de Rubén Magnano le dio a Figueroa el impulso y la confianza que necesitaba, y eso se nota -raro en él- en los continuos gestos de aprobación del entrenador, que tuvieron su pico máximo en Córdoba en el primer juego, luego de una tremenda defensa de Juampi sobre Jackson que le provocó una pérdida. Magnano entró a la cancha y lo pechó a Figueroa con una efusividad poco habitual.
He hablado de Figueroa con Marcelo Milanesio muchas veces. Diría que cada vez que lo encuentro en algún lado. Y su visión era, hasta este año, siempre medio parecida: muy bueno atrás, pero demasiado intrascendente adelante.
Este año, producto de un par de lesiones de Bruno Lábaque, fue titular en buena parte de la temporada y, no sólo lo hizo muy bien, sino que se convirtió en una de las columnas de la defensa cordobesa y, también, en uno de los principales estrategas del equipo, más allá de que su tiro sigue siendo poco efectivo. Mejoró en las penetraciones y también, aunque le falta mucho, en la profundidad de sus pases.
A nuestro modo de ver, lo que debe sacarse de la cabeza Figueroa para ser un base de selección (¿y si lo probamos en el Premundial?) es, aunque parezca paradójico, ser un poco menos responsable. Juan Pablo no arriesga. No arriesga tiros, no arriesga pases. Magnano lo obliga a tirar y por eso sus porcentajes no son buenos. Porque no siente muchas veces los lanzamientos que toma. Le falta confianza allí.
En este año, sin embargo, está claro que su confianza en sí mismo ha mejorado muchísimo. En marzo cumplió 23 años. A esa edad, Pablo Prigioni, por poner un ejemplo en su mismo puesto, recién empezaba su carrera en el Fuenlabrada de España y, para la gran mayoría, era un desconocido, además de tener un estilo totalmente distinto al que muestra hoy.
Confiamos en que Juampi, después de este año, logrará superar la valla que le queda para convertirse en un gran base. En la 2008/09 dio un gran paso.
La ventaja que tenemos los que no hinchamos por ninguno de los dos equipos es la posibilidad de disfrutar esta final sin los nervios de la gente. Ojalá la serie se estire lo máximo que se pueda.

La llegada de Atenas y Peñarol a la final de la Liga alimentó un juego periodístico que logró su objetivo: el debate. ¿Es esta la mejor final de la historia de la Liga?
Objetivamente, está claro que no. El hecho que la mayoría de los mejores jugadores argentinos estén en el exterior, casi como que la excluye automáticamente, sobre todo comparándola con los primeros 15 años de Liga, donde prácticamente todos los jugadores argentinos estaban en nuestro país.
Sin embargo, aunque sea por juego, que la gente que no ha seguido demasiado la Liga en los últimos años pregunte, se interese, vea por televisión algún partido, a partir de la polémica instaurada por los medios, vale.
Vale porque, sin desmerecer a los últimos campeones o finalistas, no es lo mismo para la difusión urgente que necesita la Liga, que las involucradas seas dos de las principales cinco ciudades del país. Y menos lo es que los dos estadios alberguen cerca de 9000 personas cada uno.
Una muestra clara de lo que generó esta final es la cantidad de periodistas acreditados en Córdoba, casi 250. Récord absoluto. Y eso es sinónimo de centímetros en los diarios y segundos en las radios y televisión.
La última final que tuvo esta expectativa fue Atenas 4 Boca 0, en 1998. Por el Luna Park, por el duelo que significaba esa serie en la época, por los planteles poderosos. Porque eran Atenas y Boca, los dos clubes que más interés generan en todo el país. Los cordobeses, por su rica historia en el básquetbol. Los porteños, simplemente porque Boca es Boca.
Sin embargo, con todo lo atractiva que fue esa serie, terminó muy rápido. Por eso, desde nuestro lugar neutral, esperamos que este Atenas-Peñarol se extienda todo lo posible. Siete partidos le vendrían extraordinariamente bien a la Liga. Serían tres semanas con la Liga como uno de los puntos referentes del deporte argentino. En la gente y en los medios.
Al menos, ya tenemos asegurados cinco partidos. No está mal. Pero pinta para larga. Justo lo que estábamos necesitando.
Hoy lunes se conoció la muy mala noticia sobre la lesión agravada de Manu Ginóbili, que le hará perder lo que resta de la temporada. Increíblemente, algunos hinchas de los Spurs lo cuestionan.

Acabo de enterarme de una de las peores noticias de la temporada. Manu Ginóbili se resintió de la fractura por stress en la base del peroné derecho y no podrá jugar más por lo que queda del torneo de la NBA este año.
Pésima noticia. Primero, para Manu. Después, para Popovich. Luego, para sus compañeros. En último lugar, para los hinchas de San Antonio y para todos los que amamos el básquetbol.
Entro entonces al sitio del diario local, San Antonio Express News, donde anuncian la mala noticia y hago algo que nunca hago en ningún sitio: leer los comentarios de la gente.
Al momento de verlos, hay 29 comentarios. De ellos, varios (muchos), se quejaban de la decisión de Ginóbili de haber jugado los Olímpicos. Algunos, por el riesgo físico y otros, por estar bajo contrato con los Spurs.
Sin embargo, lo más significativo, por el porcentaje (4 de 29), sugieren que Manu sea canjeado a otro equipo. Incluso, con muy poco respeto, uno consideraba: "No se le puede seguir pagando 10 millones de dólares por los viejos tiempos".
Muchas veces en la Argentina pecamos de soberbios y de exitistas, pero ¿puede haber algo más injusto que criticar tan duramente a Ginóbili, o incluso pedir su partida, por una temporada en la que lo persiguieron las lesiones?
Por otra parte, la fractura por stress que lo sacó de lo que queda de la temporada le ocurrió en la otra pierna a la afectada en los Juegos. ¿Por qué relacionar todo el tiempo un problema con otro?
Indudablemente, a los texanos los ataca el mismo mal que a buena parte de este mundo tremendo que vivimos hoy. El del éxito a toda costa. El de los segundos son los primeros perdedores. El de la plata vale más que la gloria. Por suerte, a Manu no.
Acabo de terminar de subir la entrevista que Juan Carlos Meschini le hizo a Pepe Sánchez esta mañana y, mientras la escuchaba, Pepe me dejaba pensando sobre lo que esta Liga Nacional genera. En principio, vale aclarar que, del mismo modo que a Pepe le costaría adaptarse a jugar la Liga Nacional, seguramente le costará también readaptarse a la Argentina como país, a la que sólo ha podido visitar de vacaciones en los últimos años. El día que se vuelva definitivamente a armar su familia a Bahía Blanca, situación que presumo más temprana que tardía, a Pepe, por su forma de ser, por su frontalidad y exigencia (primero con él mismo, claro), no le será fácil acomodarse a un país que no es el mismo que dejó en 1996, pero que tampoco se parece demasiado al que hoy lo alberga, España. Sin embargo, y eso se lo podrán decir muchos conocidos suyos, como el propio Montecchia, Gabriel Fernández, Fede Kammerichs o Juan Espil, la balanza tendrá de un lado todos estos problemas y, del otro, el volver a las fuentes y estar en SU terruño, con SU gente. Para Pepe es difícil ponerse en ese lugar hoy, porque viene de jugar en los equipos más importantes del mundo, acostumbrado a ciertos lujos imposibles en la Liga argentina, como vuelos charters, hoteles cinco estrellas y salarios de otro planeta. También es cierto que la infraestructura de la Liga no ha mejorado como hubiese sido ideal en estos 12 años desde 1996, pero la competición en sí sigue siendo de las mejores de este lado del mundo. En lo que estamos plenamente de acuerdo con Pepe, y eso no tiene que ver directamente con nuestra Liga, es el gigantesco poder destructor que tenemos sobre las personas que alguna vez nos han dado algo, o mucho, como es el caso de la Generación de Oro. He vivido en persona los humillantes insultos que ha recibido Leo Gutiérrez en muchas de las canchas, como también los han recibido Román González, Alejandro Montecchia y, ahora, hasta el propio Espil. Le memoria del argentino siempre se ha caracterizado por ser muy corta y mezquina, y de eso no se ha salvado casi nadie, ni siquiera tipos como Diego Maradona, así que sería iluso pensar que podría ocurrir con los basquetbolistas. Y en esto, debo reconocer, no lo veo a Pepe adaptándose. Si algo fue a lo largo de su carrera fue honesto con su forma de pensar y no estaría dispuesto a sufrir en un hipotético regreso con semejante muestra de desagradecimiento. Ojalá, de todos modos, los argentinos podamos ver algún tiempo a Pepe regalando todo su talento en la Liga porque, su sola presencia, le daría a la competencia un toque de jerarquía del que siempre hace falta.
Hace ya dos meses que comenzamos con el sitio web de nuestra revista Básquet Plus. Y le juro que en sesenta días hemos aprendido más cosas que las que incorporamos en diez años con la revista papel.
La dinámica de Internet ha modificado todo. Con colegas de la desaparecida Sólo Básquet, solemos recordar aquellos cierres de madrugada (uno parcial, los viernes, y el otro tremendo, los domingos), cuando para saber los resultados de España o de la NBA había que esperar a los cables de agencia del día siguiente. Increíble.
Hoy, no solamente podemos seguir la estadística online, sino que además hasta se pueden ver a través de algunos de los miles de sites que ofrecen TV en vivo. Para el que tiene un pesito, por vía oficial, se puede comprar, por ejemplo, el paquete completo de los partidos de Euroliga.
Para los que hacemos gráfica, la revolución que significaron dos elementos tecnológicos como Internet y la telefonía celular nos ha cambiado la vida y, sobre todo, la forma y facilidades para trabajar. Ni hablar en el tema fotografías.
Hace apenas 15 años, cubrir un torneo internacional significaba juntar la mayor cantidad posible de fotos en papel, ir al aeropuerto y empezar a tentar, uno por uno, a cualquier viajero que volara a Buenos Aires. Por suerte, no se hablaba tanto de terrorismo en esa época, pero igual convencer a los desconocidos no era tarea sencilla.
Ahora, además de la posibilidad que tienen los fotógrafos de sacar miles de tomas por partido, verlas en el momento para elegir o descartar, pueden mandarlas desde la misma cancha por Internet o, en el peor de los casos, meterlas en esa especie de depósito gigante de tamaño mínimo, llamado pen drive.
Nosotros, Básquet Plus, tardamos un poco en subirnos a la ola de los sitios de Internet, pero llegamos. Tarde pero seguro. Y todavía nos estamos acostumbrando. Sepa usted entender. Igual, como siempre, somos muy ambiciosos y queremos tener la mejor página web de básquetbol del país.
Para eso, esperamos poder ir completando todas las secciones que tenemos diseñadas lo antes posible. Por el momento, nos damos el lujo de poder sumar a uno de los periodistas más prestigiosos del país, como Marcelo Nogueira, como blogger.
En esto, esperamos poder darle alguna sorpresa en poco tiempo. Y muchas más en otros rubros del sitio, a lo largo de los meses. Si hay algo que apasiona en Internet es que no tiene fronteras y las posibilidades son ilimitadas. Como con la revista, nuestra única meta es no defraudar las expectativas. Usted dirá.