Dennis Rodman y su última excentricidad: el sueño de NBA con 43 años
13:58 14/12/2025 | Entre fiestas, nostalgia y un contrato que nunca llegó, el gusano amagó con volver a la liga en 2003. Un regreso de un multicampeón muy lejos de Chicago.
A los 43 años, Dennis Rodman decidió que necesitaba algo más estable que vivir de apariciones y excesos. En el verano de 2003 dio una conferencia de prensa en Los Ángeles para anunciar que buscaba regresar a la NBA, acompañado por su agente Darren Prince. El único equipo que abrió la puerta fue Denver Nuggets, que le propuso una prueba sin promesas y un contrato austero: “No habría dinero grande de la NBA, solo unos 10 mil dólares por partido”, recordó el propio Rodman.
Lejos de disciplinarse, Rodman reaccionó como siempre. Mientras esperaba una definición, siguió de fiesta convencido de que su método aún funcionaba. “Si algo había frenado mi vida nocturna, yo la aceleré. Lo que me dio cinco campeonatos también podía servir en Denver”, escribió en su autobiografía I Should Be Dead By Now. Con ironía y desafío, agregó: “Tenía 43 años y sentía que no había perdido ni un paso, ni en la cancha ni en los boliches”.
Denver evaluó el riesgo y decidió no avanzar. Para la franquicia, Rodman era demasiado impredecible. Él no lo aceptó en silencio. “Creen que no soy entrenable y no sé por qué. Estoy en forma, listo para volver y sé que puedo rendir”, declaró. Lejos de resignarse, defendió su físico: “Eso no era un tipo de 43 años corriendo hoy. Eso era un fenómeno”.
Sin NBA, Rodman eligió seguir jugando donde fuera posible. Firmó un contrato de dos partidos con Fuerza Regia de Monterrey y luego pasó por los Tijuana Dragons, los Brighton Bears en la liga inglesa y hasta por Finlandia. No era el escenario que soñaba, pero era básquet. Su obsesión no era el dinero ni la fama: era competir y demostrar que todavía pertenecía.
Rodman ya era más que un exjugador: era un personaje global, diplomático ocasional y figura mediática permanente, incluso lejos de la NBA. Su intento de regreso en 2003 no fue nostalgia: fue coherencia con una vida sin frenos. No volvió a la NBA, pero dejó algo más profundo. Como él mismo se definió sin rodeos: “Soy libre e independiente”. Y quizá por eso, Dennis Rodman nunca necesitó volver para seguir siendo eterno.
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