La polémica

Explotó el debate tras el caso Zustovich

21:13 02/12/2019 | Lo ocurrido este fin de semana con el pibe de Peñarol hizo saltar alarmas y comentarios de todo tipo. Aquí intentaremos reflexionar sobre el tema.

Fue una noticia de impacto internacional. Un chico de 13 años acababa de meter 78 puntos en un partido de U13, en 20 minutos (el máximo permitido). Hasta ahí, una hazaña. Pero cuando se empezó a ahondar en el tema, surgieron otras cosas. Francisco Zustovich, el pibe en cuestión, había anotado 78 puntos, sobre 79 de su equipo mientras estuvo en cancha, y tirado 38 de los 40 lanzamientos de su equipo en ese período. Entonces se fue a los partidos anteriores. Las estadísticas eran similares. El pibe promedió 62.3 puntos en 3 juegos. Insólito. 

En U13, las reglas cambiaron hace dos años. Se retomó la línea de 3 puntos, se pasó de un balón número 5 a uno 6, se puso como máximo la presencia en dos cuartos de cada jugador y, sobre todo, se prohibieron ciertas situaciones de juego para favorecer el desarrollo de fundamentos y elevar la cantidad de anotaciones: a) no se puede practicar pick and roll, b) no se puede defender en zona, c) no se pueden hacer atrapes. 

Lo ocurrido con Zustovich generó una polémica enorme. Y de todos los colores. Aquí, lo que intentaremos hacer es plantear situaciones que lleven a la reflexión o el análisis, pero no saldremos a cazar culpables o determinar qué cosas están bien y cuáles están mal. 

En categorías de formación, es muy importante para los chicos ser parte. Conformar un equipo. De lo que sea: del barrio, del club, de la escuela. Es parte central de la integración de jóvenes que están generando sus primeras armas de espíritu colectivo. Los equipos deportivos lo son, sin dudas. Y de los mejores. Siempre y cuando no aparezcan algunas situaciones que logran el efecto contrario, como que el ganar es lo único que sirve a esa edad. Hace algunos años se tomó la buena decisión de sacar el tanteador del minibásquet, para que no haya ganadores y perdedores, y se podría decir que el efecto fue positivo. 

Aquí, lo de Zustovich generó muchísimos planteos de todo tipo. ¿Es saludable que un pibe de 12 años tome todos los tiros y anote todos los puntos de su equipo en un partido? ¿Es negativo? ¿Hay que hacer algo para modificarlo? ¿Es bueno para él?

Vayamos por partes. Nos pareció muy chocante la situación de ver dos cuartos completos del partido de ayer domingo, en los que, salvo un par de excepciones, nadie tocó la pelota salvo Zustovich. Ya no hablamos de meter puntos o tomar tiros. Solo la tocaban para sacar de fondo y dársela a Zustovich. Y el pibe hacía todos costa a costa, superando a sus rivales (que prácticamente no lo defendían), para anotar en bandeja. Así, dos cuartos completos.

¿Qué se llevaron Zustovich y el resto de los pibes de Peñarol del partido? Aclaramos que usamos este ejemplo por la notoriedad que generó, pero que, investigando, supimos que se repite mucho en todo el país, en distintas competencias de esta categoría. Zustovich jugó con poca oposición, no dio ninguna asistencia porque nunca pasó el balón, tomó algunos tiros externos sin demasiada eficacia y su equipo perdió el partido. ¿Se le puede criticar algo en particular al chico? No, nada. ¿Cómo se fueron sus compañeros? Difícil saberlo con pibes de esa edad. Algunos seguramente estarán conformes con solo ponerse una camiseta y haber llegado a una instancia importante de un torneo argentino de clubes, aunque no hayan tocado el balón. Otros, a partir de la derrota, se habrán ido desilusionados. ¿Cuántos seguirán jugando en divisiones formativas?

A esta edad, salvo con chicos que tienen una proyección notoria (como Zustovich), no parece que el objetivo central sea obtener jugadores profesionales a futuro. Si sale alguno, mejor, pero pareciera que la meta debería ser sumar amantes de nuestro deporte para que hagan cada día más grande la actividad desde el lugar que les toque. Alguno será jugador, otro entrenador, otro árbitro, otro espectador regular. Y así. Pregonar que hay que hacer puntos para ser parte no es la idea, pero tampoco es viable creer que chicos que no tienen absolutamente ninguna participación en un grupo deportivo van a estar interesados en seguir practicándolo. 

Una de las discusiones más amplias que surgió del caso es ¿qué se hace en una situación así? ¿Hay que decirle a Zustovich que se la de a compañeros que no juegan como él para que no puedan siquiera tirar al aro? Seguramente no. Hay algo claro y es que Zustovich no es reponsable en absoluto de lo que se generó a partir suyo. En estas categorías, lo más importante es conseguir que los pibes aprendan y progresen, pero, sobre todo, que comiencen a querer al juego. En una sociedad que fomenta permanentemente que el éxito es lo único que vale y que los perdedores son descartables, repetir el esquema en deportes con chicos suena a inaceptable. 

Este círculo vicioso tiene otros protagonistas. Clubes que presionan a sus entrenadores para conseguir resultados, padres que presencian partidos con una agresividad impresentable frente a sus hijos, potenciando aún más lo del éxito y el fracaso, y entrenadores sometidos a esa situación que, en algunos casos, no hacen demasiado por cambiarla. Los cambios de regla en el U13 tuvieron una intención altruista. Encontrar cómo destruirlos es relativamente fácil. Ojo, cualquier regla que se establezca buscando elevar la vara va a fracasar si no se considera para qué fue hecha. En definitiva, el punto pasa por saber hacia dónde uno quiere ir. 

Zustovich está siendo entrenado en fundamentos de forma individual por Osvaldo Echevarría, el mismo que, por ejemplo, formó a jugadores como Marcos Mata o Facundo Campazzo. Echevarría nos decía esto: "Peñarol tiene como política proyectar jugadores para la Liga Nacional y él viene trabajando en ese plan de proyección. Creo que esto que pasó es algo que no sucede habitualmente y no es lo que pregonamos. A mí el sistema de reglas mucho no me convence. En este torneo todos los equipos tuvieron algún chico que marcaba una diferencia abismal en el uno contra uno".

La situación ha generado rebote con opiniones muy diversas y encontradas. Como ejemplo solamente pondremos un tuit de Lucas Victoriano, enojado con los que atacaban al entrenador o al hecho en sí.

 

 

Silvio Santander, referente de la Confederación Argentina en todo lo que tiene que ver con el Método CABB, del que forman parte las reglas para el U13, es claro: "La idea es que todos los pibes jueguen, aprendan a ganar y a perder y que se enamoran del juego. Las reglas tienen un espiritu, que es ayudar a la masificacion, a que jueguen todos, y bajar el contenido táctico. No tenemos que pensar en un jugador, tenemos que pensar en la masa, en ampliar la base".

Además, agregó: "En ese contexto de tomar en cuenta el espíritu de la regla y no aferrarse a la letra fría es donde necesitamos a los técnicos aportando al crecimiento y el desarrollo de los chicos. Esto no significa que no haya que competir, sino todo lo contrario. Siento que si un técnico toma la decisión de que un chico tome 38 lanzamientos en 20 minutos es una decisión personal y nosotros no tenemos nada que decir porque no está incumpliendo ninguna regla".

Otro referente de categorías formativas, como Gustavo Debenedetti, dijo: "Obviamente no es conveniente que un joven asuma la mayoría de los lanzamientos. No es beneficioso ni para el equipo ni para el propio joven. Es un juego de equipo y así se debe enseñar. Para beneficiar el desarrollo de todos, incluso del jugador desequilibrante. Se debe entrenar fundamentos y conceptos para todos igual y tener un plan de juego que le permita a todos desarrollar las enseñanzas. Si un joven es muy desequilibrante debe entrenar, además de su categoría, con una categoría superior donde tenga mayor oposición y le permita progresar a él también. Es inútil cualquier regla si no se respeta el espíritu de la misma. A esas edades se busca maduración y desarrollo y no rendimiento. Muchas veces apostar al desarrollo va en contra del rendimiento inmediato".

No se puede decir que lo sucedido haya generado conclusiones definitivas, pero si algo salió de la polémica que provocó este episodio, es la posibilidad de hablar sobre una situación que se venía repitiendo casi en la oscuridad, sin debatirse públicamente. El primer paso está dado. Ahora el punto será ver quién y cómo toma la posta en el rol que le toca ocupar para encontrar un consenso que unifique los criterios. 

Fabián García / [email protected]
En Twitter: @basquetplus

 

 

 

 

 

 

 

 

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