NBA

Gus, el papá adoptivo de Michael Jordan

10:53 30/08/2020 | Fue uno de los protagonistas principales de The Last Dance fuera de los jugadores. La leyenda lo adoptó como una figura paterna tras el asesinato de James.

Foto: The Athletic

Existieron momentos en los que Michael Jordan era la persona más reconocida y solicitada del mundo. Su impacto tanto en el mundo deportivo como en el de los negocios era total y, en cada lugar en el que daba un paso, una horda de camarógrafos y fanáticos aparecía para llevarse su tajada. En esos tiempos, la barrera entre la leyenda y el mundo exterior se llamaba Gus Lett. Un hombre al que el escolta adoptó como su padre adoptivo.

La relación entre ambos comenzó en la temporada 1985/86, la segunda de Jordan en la NBA. Luego de disputar apenas tres partidos, se fracturó el pie y debió sentarse durante casi la totalidad de la campaña. Fue Gus, encargado de la seguridad del United Center de los Chicago Bulls, quien lo acompañó en todos los encuentros hacia el banquillo. Lo cargaba y se quedaba con él. Al finalizar, lo llevaba a su casa. Ese tiempo juntos hizo que creciera un afecto mutuo, en la que la joven estrella se respaldaría más adelante.

El 13 de agosto de 1993, Jordan amaneció con la noticia de que el cuerpo de su padre James había sido encontrado en un río de North Carolina. Eso lo devastó y, eventualmente, hizo que decidiera retirarse por primera vez de la NBA. Fue en esos años de ausencia en los que Gus se transformó en un padre para él: "Debía tenerlo cerca todo el tiempo", confezó en The Last Dance el 23. Y así era. Donde estaba Jordan, ahí se encontraba el veterano. Ya no era sólo cuestión de seguridad y privacidad, sino de contención emocional y amor por el otro. Llamadas a la madrugada, extensas charlas y un hombro en el cual llorar las inexpicables vueltas del destino.

La salud de Gus se deterioró y le diagnosticaron cáncer. Jordan, que ya había perdido a su padre de manera trágica, no se despegó de quien había ocupado su lugar. La esposa del guardaespaldas contó que el astro fue a las sesiones de quimioterapia junto a ellos y que pocas cosas le importaban más que el bienestar de esa pareja que había adoptado como su otra familia. Una de las partes más emotivas del documental que produjeron Netflix y ESPN sobre el último curso de Jordan en los Bulls tiene como protagonista a Gus: el séptimo partido de las Finales de Conferencia Este de 1998, cuando volvió al estadio y sirvió como impulso para que MJ y sus compañeros cerraran la serie y alcanzaran nuevamente las NBA Finals.

En el 2000, no pudo seguir su lucha contra la enfermedad y falleció a causa de ella. La pérdida fue muy dura para Jordan, al nivel de lo ocurrido en 1993. Entrar en el circulo íntimo de una persona tan trascendente como él es prácticamente imposible. Hacerlo en un rol de mentor, de consejero y convertirse en la voz de la conciencia es simplemente para unos pocos, pero ocupar el papel de figura paterna tras el asesinato de James ha sido una labor que únicamente ha podido cumplir Gus. Fue alguien que lo salvó cuando estaba perdido. Lo hizo a través de la comprensión y del cuidado. Porque, detrás de los logros del atleta, siempre estuvo su aporte incondicional. Y, en cierto punto, el mundo del deporte se lo debe.

 

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