Historias

Eddie Pope y su temporada en la B con Peñarol: talento y locura in extremis

13:30 10/11/2025 | El norteamericano, al que le dedicaremos varias historias en los próximos meses, fichó en 1987 para el milrayita de Horacio Seguí. Anécdotas de un personaje demencial.

Eddie Pope y su temporada en la B con Peñarol: talento y locura in extremis

Durante noviembre de 2025 saldrá a la calle el libro 40 años de pasión, historia del ascenso en la Liga Nacional, editado por Básquet Plus, y por eso en estas semanas publicaremos varias notas relacionadas a la categoría principal después de la Liga A con anécdotas y recuerdos de lo que fue y es una competencia atrapante. Hoy nos enfocaremos en 1987, cuando Peñarol fichó al norteamericano Eddie Pope, de apenas 23 años, pero con un carácter explosivo. 

La historia reflejada en el libro fue publicada originalmente en el libro Una historia de locos, de Sebastián Arana. Fue así. Peñarol tenía como extranjero a Zachary Cooper, el papá de Nico Lauría. Y necesitaban otro foráneo que fuera desequiibrante. Que metiera 40 puntos y bajara 20 rebotes por partido. Hoy suena a imposible pero en ese entonces no lo era tanto. Un día, Cooper dijo que tenía al hombre. Y se dio una charla desopilante por teléfono entre Seguí, Cooper y el dirigente Miguel Otálvarez como traductor. 

Seguí: “¿Fuma?”.
Cooper: “Sí”.
Seguí: “¿Lo otro?”
Cooper: “Sí”.
Seguí: “¿Y cómo es como persona?”
Cooper: “Malo”.
Seguí: “¿Cómo?”
Cooper: “Malo”. 

Hay que reconocer que Cooper no engañó a nadie. Lo pintó tal cual era. Cuando llegó Pope, que medía 2.05 y volaba, revolucionó al club, en todo sentido. Dice el libro de Arana: “Lo más parecido a Barkley que ví en mi vida -dice Esteban Terzzoli-. Metía 40 puntos, agarraba 20 rebotes, tapaba… pero no lo podíamos controlar. En los viajes le metíamos algo en la Coca Cola para calmarlo. Rompía los hoteles, no le pagaba a los taxistas, se falopeaba por todas partes”.

Miguel Otálvarez, directivo del club, agrega: “En el buffet le pedía algo para comer al gordo Pantano y, si no le daba bolilla, manoteaba la caja y se la llevaba. Estaba loco”. En el primer entrenamiento, Pope le pegó un codazo a Perazzo, le tiró un ganchito, lo metió y se lo gritó. En la siguiente, el Gurí lo enganchó con el hombro y lo tiró a un costado. Encestó y lo miró. Pope se le fue al humo y lo empujó, pero después le reconoció que esa actitud le había marcado que con él no debía meterse. Una última, contada por el propio Seguí: “Lo peor era en los viajes. Se sentaba al final del colectivo y era capaz de mear ahí mismo”. 

El loco Pope marcaría un antes y un después en esa Liga B, en el básquet argentino y, sobre todo, fuera de las canchas, cuando menos de dos años después de su arribo a Mar del Plata, tiró desde el quinto piso de un edificio de San Telmo, Buenos Aires, a su novia Silvana Ercoli, de 27 años. Estuvo preso menos de 10 años.

Volviendo a lo deportivo, con Pope, Peñarol dio un salto de calidad enorme, porque el pivote era absolutamente indefendible. Arrancó su primer partido metiéndole 49 a Independiente de Neuquén y así siguió. El problema era fuera del campo. Cooper, tras 9 partidos, desapareció de Mar del Plata sin avisar y no volvió. Se supone que ya no soportaba más a Pope y que, de alguna manera, era el responsable de su estadía en Argentina. Pope se quedó algo más, pero era insostenible.

Cuenta el libro Una historia de locos que el día que Peñarol visitó a Boca en Olavarría (Boca tenía la cancha suspendida), Pope le pidió a la dirigencia volverse a Mar del Plata apenas terminaba el partido, porque quería estar con su novia. El dirigente le dijo que primero iban a comer, pero justo apareció el hermano del directivo, que iba a ir en su auto al partido y le dijo “si metés 50 puntos y agarrás 15 rebotes te llevo apenas termina el juego". Pope agarró 15 rebotes y llevaba 47 puntos cuando faltaba menos de un minuto. Tomó el balón y, desde 9 metros, clavó el triple que lo llevó a 50 puntos. Lo festejó como un loco. Pocos entendían por qué, porque el partido ya estaba definido. Sin embargo, Seguí decidió su corte pocos juegos después. Pope se fue con 34.5 puntos de media en 16 partidos. Y Peñarol terminó ascendiendo igual. 

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Fuente: 
40 años de pasión, historia del ascenso en la Liga Nacional

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