Historia

Facu para niños: del egoísmo con la pelota a leyenda por compartirla

08:45 02/10/2025 | Hoy Facundo Campazzo es una eminencia en la categoría de las asistencias, siendo uno de los mejores pasadores del mundo, una proeza impensada en sus inicios.

Campazzo y su lección de niño crack

Facundo Campazzo aprendió a convivir con la pelota desde muy chico, aunque no siempre con la misma generosidad que lo distingue hoy. Roberto Dall ‘Amore, su primer entrenador en el club Municipalidad de Alta Córdoba, contó de aquellos inicios. “En la época de formación el tema de la pelota, de pasarla o no, es todo un tema. Chicos y hasta padres se ofenden… Y yo le preguntaba: ‘¿por qué no la prestás, hay una sola pelota y los otros chicos también quieren jugar?’”. La respuesta del pequeño Facu no dejaba dudas: “porque no me gusta dar pases, la quiero tener yo”.

Ese apego absoluto a la bola era parte de la personalidad que lo diferenciaba en la cancha. Dall ‘Amore narra entre risas cómo hasta en los ejercicios de enseñanza se resistía a compartir. “Tendría 11 o 12 años cuando lo puse a ayudarme en Mosquito y le pedí que moderara para que todos tocaran la pelota. Y de repente lo veo quitándosela a los chicos y metiendo bandejas. ‘No, Facu, no te puse para eso’, le dije. Pero él no podía con su genio…”.

El contraste con el presente es tan grande que hasta el propio Campazzo lo reconoció años más tarde. Según contaba el entrenador, durante una visita al club le pidió unas palabras para los chicos y sugirió que hablara de la importancia de pasar la pelota. “Me dijo: ‘¿Justo a mí me pedís eso? ¿No te acordás cómo te hacía renegar con eso?’”. Una autoconciencia que es reflejo de una metamorfosis deportiva y personal.

Hoy Campazzo es reconocido como uno de los mejores pasadores del planeta, y esa metamorfosis tiene raíz en su niñez. El egoísmo inicial se convirtió en solidaridad y visión de juego, y su nombre quedó asociado a la asistencia como arte. Lo que un día fue un defecto, hoy es la virtud que lo define: de no querer compartir la pelota a ser leyenda por hacerla brillar en las manos de los demás.

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