Historia

Cuando Michael Jordan conquistó la NBA para regalársela a su padre

15:00 21/06/2026 | En un nuevo Día del Padre, recordamos la mítica consagración de los Bulls en 1996 ante Seattle: la culminación de un viaje donde Su Majestad transformó su dolor.

Jordan y el llanto de gloria

La temporada 1995-96 de la NBA ya había entrado en los libros de oro cuando los Chicago Bulls estamparon el récord absoluto de 72 victorias en la fase regular. Con ese impulso arrollador, el equipo destrozó a sus rivales en los Playoffs de la Conferencia Este para plantarse en las Finales frente a los poderosos Seattle Supersonics, un rival de alto voltaje comandado por el electrizante Gary Payton y el demoledor Shawn Kemp. Desde el primer salto de la serie, Chicago manejó el ritmo llevándose los dos duelos iniciales en casa y propinando luego una paliza de 108-86 en el tercer juego en Seattle, dejando el escenario listo para una fiesta anticipada dentro del estadio más ruidoso de la liga.

Sin embargo, la gloria no iba a entregarse de forma tan sencilla y los Sonics reaccionaron con fiereza para quedarse con los juegos 4 y 5, devolviendo la angustia a la serie y forzando el regreso a Chicago. Las dudas empezaron a filtrarse en el ambiente y la presión se mudó por completo al bando de los Bulls. Pero en el sexto capítulo, exhibiendo el carácter propio de una dinastía, Chicago sacó adelante un partido que no tuvo tintes de belleza estética pero sirvió para sentenciar la historia por 87-75. Michael Jordan completó una planilla de 22 puntos, 9 rebotes y 7 asistencias para asegurar su cuarta corona en un lapso de seis años.

A pesar de la magnitud del logro deportivo, la postal imperecedera de aquella jornada del 16 de junio de 1996 no tuvo nada que ver con una volcada espectacular o un tiro agónico sobre la chicharra. La imagen que quedó grabada a fuego en las retinas del mundo entero fue la de un Jordan vulnerable, colapsado y llorando desconsoladamente sobre el piso del vestuario. El motivo detrás de semejante descarga emocional radicaba en el calendario: era el Día del Padre, y significaba el primer campeonato obtenido por la estrella de los Bulls desde que su progenitor, James Jordan, fuera trágicamente asesinado en julio de 1993.

"Sé que está mirando. Para mi esposa e hijos, para mi madre, hermano y hermana, esto es para Papá", soltó MJ con el corazón en la mano, cerrando una montaña rusa de emociones que se había extendido por 35 extenuantes meses desde la dolorosa pérdida del 23 de julio de 1993. Tras ganar el tricampeonato inicial, el vacío por la muerte de su padre lo había empujado al retiro prematuro al sentir que ya no le quedaba nada por demostrar en el básquetbol. Aquel Día del Padre de 1996 no representó una simple victoria para el mejor de todos los tiempos; fue, en esencia, la redención absoluta y el cierre perfecto de un viaje humano de regreso hacia lo más alto.

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