Willis Reed, la leyenda que dio todo por ver a los Knicks campeones
19:03 02/06/2026 | New York no consigue un título desde 1973, cuando el interno dejó su rodilla casi literalmente para que su equipo triunfe frente a los Lakers de Wilt Chamberlain.
Los Knicks volvieron a una final después de 27 años. Sin embargo, desde hace 53 que no saben lo que es gritar campeón en la NBA. Y en aquellos inicios de los 70 hubo un hombre que dio todo por la franquicia de la Gran Manzana, como lo fue Willis Reed. El interno fue una enorme estrella y llevó a la franquicia de la Gran Manzana a la final de la NBA. Enfrente tenía a los Lakers, con Wilt Chamberlain como la figura estelar.
El plantel estuvo integrado, además de Reed, por Walt Frazier, Earl Monroe, Bill Bradley, Dave DeBusschere, Jerry Lucas, Phil Jackson, Dick Barnett, Henry Bibby, John Gianelli, Harthorne Wingo, Tom Riker y Red Holzman.
Con la serie igualada en dos victorias por lado, y luego de solo ocho minutos de partido, Reed cayó lesionado de una de sus rodillas. El interno llevaba 7 puntos con sus tres tiros convertidos. A pesar de la inyección de cortisona que le dieron en los vestuarios, Reed no pudo continuar jugando. Pero sus compañeros hicieron un gran juego, remontaron en el último cuarto y se quedaron con el partido.
El sexto partido fue para los angelinos, con una actuación monstruosa de 45 puntos y 27 rebotes de Chamberlain y sin que los Knicks pudieran tener a su estrella en el juego. Sin él, no había quien pudiera defender a la figura rival en la pintura, por lo que el campeonato se veía cada vez más lejano.
La mañana del séptimo juego, la pregunta de todo Nueva York era si Willis Reed jugaría esa noche. Días antes, el propio jugador había afirmado: “Jugaré, aunque tenga que gatear”. “Nos jugábamos el campeonato, era uno de esos momentos que recordarías para el resto de tu vida. No quería mirarme al espejo dentro de 20 años y decirme a mí mismo: ‘tendrías que haber jugado’” recordó luego el interno.
Horas antes del partido, Reed entró al Madison Square Garden para ver sus sensaciones y la respuesta al dolor de su rodilla. Tiró al aro sin despegar los pies del piso, soportando el dolor, todo a la vista de Chamberlain que lo veía desde lejos y en silencio, sorprendido por su rival.
Bill Bradley, compañero de Reed, comentaba que “dejamos el vestuario y nos dirigimos a la cancha sin saber si Willis podría saltar a jugar o no”. El propio jugador confesó que fueron las peores horas de su vida, trataron el dolor durante horas y terminaron infiltrándolo dado que no dejaba de sentir el dolor.
Minutos después del calentamiento, el estadio se vino abajo cuando Jack Twyman emitió la frase “Here comes Willis”. “Durante el calentamiento, todos estábamos pendientes de que apareciera en cualquier momento. Incluso ellos estaban pendientes de su salida por el túnel de vestuarios. En ese momento no sabían cómo tratar aquella noticia, estaban descolocados” comentó Dick Barnett.
Minutos luego de comenzado el partido, Reed anotó un tiro a cinco metros y luego convirtió desde la línea de libres en un contragolpe, para el delirio de todos los hinchas Knickerbockers. Todo esto fue una envión anímica para los locales, que vieron el esfuerzo de su estrella a pesar de su renguera y obligó a los Lakers a estar más atentos en defensa.
A partir de ese momento, Reed se dedicó a incomodar a Chamberlain en defensa y solo pudo anotar cuatro puntos cuando él lo defendió. Sus compañeros hicieron el resto, para quedarse con el triunfo y el título. El MVP de las finales obviamente fue para Reed. Esa rodilla fue el inicio de sus problemas de lesiones, que lo obligaron a retirarse en 1974, luego de haber conseguido su segundo título con los Knicks. Así, Willis Reed escribió su apellido en la historia de una de las franquicias más grandes de la NBA y dejó por completo su marca.
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