NBA

Cuando Manu Ginóbili sufrió el golpe más duro... e inesperado

08:45 05/09/2025 | Era 2016 y el astro de San Antonio Spurs jugaba contra los Pelicans, en un duelo donde Ryan Anderson le daría uno de sus peores dolores en cancha.

Ginóbili y un inoportuno golpe (Getty)

El 3 de febrero de 2016 quedó en la anécdota caliente del Manu-show: a 2:26 del final de un partido contra New Orleans, la rodilla de Ryan Anderson impactó de lleno en la zona inguinal de Ginóbili; el bahiense cayó al piso retorciéndose y, tras una resonancia, los médicos ordenaron cirugía inmediata. Resultado práctico: operación y al menos un mes fuera; finalmente se perdió 11 partidos y volvió progresivamente a los entrenamientos antes de reaparecer. 

"Normalmente, cuando eso sucede, duele un poco. Y luego, después de tres minutos, vuelves a la normalidad", dijo Ginóbili. "Fueron tres minutos, cinco minutos, diez minutos, veinte minutos, una hora, una hora y media, y seguía con el mismo dolor. Así que cuando llegamos a la clínica, después de hacernos una resonancia magnética, [los médicos] dijeron: 'Necesitamos la cirugía, y tiene que ser ya'. Cuando me dijeron que iba a tardar un mes o un mes y medio, fue increíble. Fue una situación muy desafortunada. Fue la tormenta perfecta para este tipo de cosas".

El episodio no fue cualquier golpe: la franquicia admitió que era un caso raro, sin precedentes claros en su historial médico —por eso la rapidez en la intervención— y Ginóbili debió replantear prioridades. “Quería curarme y estar bien. Volver no era la prioridad en la primera semana”. En lo estrictamente deportivo, Ginóbili llegó a la lesión con números sólidos para su etapa final: promediaba 10 puntos, 3,3 asistencias, 3 rebotes y 1,1 robos en esa temporada, y era un veterano de 14 campañas. Popovich, pragmático, fue claro con la agenda: aun con el alta de Manu, no lo iba a forzar en seguidos y el jugador aceptó una precaución que incluyó usar protección (cup) el resto de la temporada.

Finalmente, la mejor parte del cuento: la chapa de guerrero. Ginóbili volvió, bromeó con su propio dolor —“Di mi testículo derecho por San Antonio”— y siguió siendo el tipo que siempre pone la piel en la cancha.

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