NBA

El día que Boston perdió a su heredero: la tragedia de Reggie Lewis

15:57 27/07/2025 | El escolta, llamado a liderar a los Celtics tras el retiro de Bird, murió repentinamente hace 32 años en un entrenamiento. Tenía solo 27 años y un futuro prometedor.

Reggie Lewis, codo a codo con Jordan (Getty)

La era posterior a Larry Bird fue un vacío difícil de llenar para los Boston Celtics. Tras el ocaso del mítico Big Three con Bird, Kevin McHale y Robert Parish, la franquicia quedó a la deriva, sin una figura que pudiera sostener su peso histórico. Reggie Lewis, un escolta nacido en Baltimore y elegido en el puesto 22 del Draft de 1987, parecía ser la excepción en ese período oscuro. Surgido de Northeastern University, se ganó un lugar en la rotación gracias a los problemas físicos de Bird y, con esfuerzo y talento, se transformó en la cara de la transición verde. En 1992 alcanzó su mejor versión con 20.8 puntos por partido, fue All-Star y asumió el liderazgo de un equipo en reconstrucción.

Pero el destino, que ya le había dado un golpe durísimo a Boston con la muerte de Len Bias en 1986, volvió a mostrar su lado más cruel. El 29 de abril de 1993, en un partido de playoffs frente a Charlotte Hornets, Lewis colapsó en la cancha. Se levantó mareado, volvió a jugar unos minutos, pero debió retirarse por persistentes mareos. Los estudios posteriores en el New England Baptist Hospital arrojaron un diagnóstico lapidario: cardiomiopatía focal, una enfermedad que podía poner fin a su carrera e, incluso, a su vida. Decidido a no rendirse, buscó una segunda opinión y el doctor Gilbert Mudge le dio un panorama más optimista, aunque sin autorizarlo formalmente a volver.

Confiado en ese último informe, Lewis regresó a los entrenamientos de pretemporada para prepararse de cara a 1993/94. Sin embargo, el 27 de julio de 1993, mientras practicaba en la Universidad de Brandeis, su corazón falló definitivamente. Cayó desplomado y, pese a los intentos de reanimación, murió a los 27 años por una cardiomiopatía hipertrófica. Boston perdía no solo a su capitán, sino también al jugador que debía encarnar la nueva identidad de la franquicia tras la salida de sus íconos de los 80.

Su muerte sacudió a la NBA. The Wall Street Journal llegó a insinuar un vínculo con consumo de cocaína en los días previos, una teoría que nunca se probó. En paralelo, el doctor Mudge enfrentó acusaciones de mala praxis y amenazas, aunque ninguna investigación logró establecer que un diagnóstico diferente hubiese salvado la vida del jugador. Lo único cierto fue que Lewis se convirtió en otro capítulo trágico en la historia de los Celtics, dejando a un equipo histórico sin su heredero natural en el momento más crítico.

El 22 de marzo de 1995, Boston decidió elevar su camiseta número 35 al techo del TD Garden, convirtiéndolo en uno de los pocos jugadores homenajeados sin haber ganado un título con la franquicia. Su legado, marcado por su talento y una vida truncada, quedó como un recordatorio de que incluso en la historia de las grandes dinastías hay episodios donde la tragedia pesa más que el éxito. Reggie Lewis no tuvo tiempo de llevar a los Celtics de nuevo a la gloria, pero su breve paso dejó una huella que aún perdura en la memoria del básquet

 

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