La Liga

El showman del pito del siglo XX: Eduardo Alagastino

08:35 15/05/2020 | Charlamos con el exárbitro, retirado hace ya 13 años y residiendo en su Santiago del Estero natal. Como siempre, fue directo, polémico y honesto.

Foto Marcelo Figueras

No hay chances de que alguien falle la respuesta si se le pide que recuerde a un árbitro de los primeros años de la Liga. O, mejor dicho, no hay nadie que no lo recuerde. Eduardo Alagastino, el Mono para los amigos, fue el representante más vivo dentro de un gremio normalmente de bajo perfil, y le puso un estilo propio e inconfundible a su trabajo. 

-¿Cómo la está pasando con la cuarentena?
. Bien, bien, porque soy responsable y tengo 71 años, así que tengo que estar guardado. 

- Igual usted está mejor que los de 50. 
. Y sí, porque siempre le he dado importancia a la parte física. Entrenar el cuerpo y entrenar el melón son dos cosas fundamentales. 

-¿Cuánto hace que se retiró del arbitraje Eduardo?
. A ver, dirigí hasta el 2007. Estuve cuarenta y pico de años pitando. Ya pasaron 13 años. El deporte es una cosa delicada. Yo siempre he tenido en mente lo siguiente. Que quien pensaba que algo era fácil, no superaba los acontecimientos. Por eso el sabio decía todo difícil, así no tendré problemas. Esos han sido mis caballos dentro del arbitraje, y por eso me siento orgulloso de haber sido uno de los bastiones para que la Liga esté, que jugadores que tenían 15/17 años en ese momento hayan llegado al más alto plano internacional, como ocurrió con la Generación Dorada. Ojo, no fui un llanero solitario. Ha habido otros árbitros metido en la cosa. Pero hay que ajustarse a lo siguiente: las huellas digitales son parecidas, pero son diferentes. Lo que yo siempre tuve claro es que no podías hacer 1200/1500 kilómetros para que un silbato te desilusione. Para mí arbitrar significaba arbitrar a todo el mundo, donde fuera, de la misma manera, con la misma responsabilidad, con el mismo equilibrio, el mismo tacto, la misma masura y metiéndome en la cabeza que no me iban a torcer el brazo así nomás. Y si me mataban iba a ser el tipo más feliz del mundo que moría en una cancha, que era la que me había dado todo. He tenido partidos durísimos en mi carrera, con triunfos locales, visitantes. 

-¿Usted también trabajó en la justicia verdad?
. Sí, en paralelo a mi carrera arbitral, y eso de alguna manera me favoreció mucho para mi función deportiva, porque administrar justicia y aplicar reglas que muchas veces son abstractas, tienes que saber manejar criterios, y no es fácil. Una acción de amparo yo tenía que hacerla en microsegundos: núcleo, información, energía, órdenes, programas culturales y normas sociales hacia la mente de la gente. Un fragmento de uranio emitiendo radioactividad. Cuando hay volumen, propiedad, capacidad, vos haces una decantación prolija de la quinta esencia para darle aplicabilidad a las cosas según el momento. Eran momentos difíciles donde había que poner orden y tenías a la policía en contra, al quiosquero en contra, gente atrás de las líneas como elemento de presión, y todo eso yo tenía que manejarlo haciéndome olímpicamente el pelotudo. En 1986 dirijo Olimpo de Bahía y Ferro, la final. Una presión única. A ese partido yo lo había dirigido en Ferro, y había ganado Olimpo. Y yo era el mejor del mundo para los de Bahía. Juegan en Bahía y, a Olimpo no se le daban las cosas. ¿Entonces qué querían hacer? Buscar el roce, la escaramuza. ¿Qué tenía que hacer el juez? No permitirlo. Y pasas a ser sin quererlo, protagonista. Y bueno, gracias a Dios terminó bien, pero en el entretiempo, un periodista me tildó de soberbio. "Alagastino siempre pita así, pero por ahí se abusa". No es así. Mi arbitraje no ha sido jamás autoritario. Ha sido amor, respeto y valor. Te respetaba hasta la muerte, pero si me faltabas el respeto, te cortaba la cabeza, estés donde estés. Y todo el mundo sabía eso. Y me lo reconocían. De Lizaso, Monachesi, Tato López...gente durísima. El Negro Romano, Richotti, ¡Marcelo Milanesio! Cuando se retiró de la selección argentina, él pidió que dirigiera yo, porque era el mejor. Y con Milanesio yo me sacaba chispas en la cancha. Pero lo amaba, porque quería ganar. Y cuando terminaba el partido, se acababa todo. 

-¿Le molestaba o le gustaba que usted era muy bueno para los visitantes?
. Mirá, te voy a decir algo. Por una parte eran momentos tremendos de la Liga. Había árbitros que habían abandonado sus carreras, y yo me sentía orgulloso de poder mantenerme implacable ante las adversidades que sucedían. Pero no era un loco yo. Nunca quise tener problemas. No como vidrio. Yo quería que ganara el local, pero que ganara bien. Y si quería ganar de prepo, yo no se lo permitía. He hecho cosas insólitas. En Villa Ángela. Entrabas y te quemaban con cigarrillos. Si perdían se iban al descenso entonces hablé antes con el presidente y le dije que si no la metían no iban a ganar de otra manera. Que conmigo eso no iba. Muerto me iban a sacar. Marchesini, a los dos minutos, me reclamó airadamente un fallo. Mirá, le dije, por favor, no le voy a cobrar técnico, pero si usted reincide lo voy a expulsar. Quedaba entre él y yo. A los 10 minutos hizo lo mismo y lo expulsé. Te imaginás cómo estaba esa cancha. ¿Pero vos creés que eso influyó en mí para dejarme presionar? No ebrio ni dormido. Y perdieron. Y pude salir a las 6 de la mañana. Te podría contar millones de estas. En Instituto de Córdoba. Si perdían contra Peñarol descendían. Y descendieron. De la platea vinieron a agredirme y te puedes imaginar. Yo tenía un temperamento tremendo y me sabía defender. Empecé a repartir piñas. Y Seguí y Perazzo se pusieron adelante mío y ellos también a las trompadas. Cuando terminó todo, Seguí me dijo: "¿Sabés por qué reaccionamos de esa manera? Porque vos te lo merecés y sos muy valiente". Dos monstruos. 

-¿Cómo se llevaba con sus colegas? Porque llegó a ser bastante famoso usted. 
. Yo no tenía problemas por mi carácter. Pero convengamos que ellos no veían el arbitraje de la manera en la que lo veía yo. Cuesta hablar de uno mismo, pero es la realidad. Ellos saben. Pero es muy difícil que te reconozcan. Te digo otra. Los Juegos de las Estrellas yo era el que más pitó de entrada. Se reunieron todos y decidieron que los iban a elegir ellos a los que pitaran. Nunca más fui. Eso pasa en todos los órdenes de la vida. El asunto es que vos tengas la autononía, la libertad, la felicidad y que tu conciencia te diga que has hecho algo importante en tus cometidos. 

-¿Con algún jugador no pudo recuperar el vínculo fuera de la cancha?
. Con ningún jugador tuve problemas fuera de la cancha. A Mario y Marcelo Milanesio los he expulsado. Y siempre tuvimos buen feeling. Porque interpretaban lo que era esto. Con Romano, con Montenegro, porque a la larga te reconocen. 

-¿Usted también reconocía que era parte de un show?
. No, no, no. Yo reconozco que mi estado físico era envidiable y que en el básquetbol no puedes pitar de forma estática, sino que tienes que estar cerca de la jugada. Si alguien lo tomaba como parte del show, no sé, pero hoy no entiendo cómo se puede dirigir tan estático. No entiendo esas figuras musculosas, rostros lindos, pero cerebros chatos. Yo he entrenado mi cuerpo y mi cerebro. Y he estudiado, desde el lóbulo frontal, los tipos de inteligencia, la corporal, la musical, la espacial, la emocional. Los tipos de memoria, la semántica. Y cuando recibes una información, todo interactúa. ¿No te ha tocado estar avergonzado, insolente, casto, lujurioso, charlatán, delicado, ingenioso, estúpido, sabio, ignorante? ¿Cómo haces vos para meterte en el zapato de aquella persona que tienes enfrente si no estás preparado? Esto es muy delicado. Yo no he llegado a donde llegué por tocar el pito solamente. ¿Me explico? Te hablo de neurociencia. Árbitro no es cualquiera.

-¿Era el mejor de su época?
. Yo he dicho una vuelta, antes de la Liga y se hacían las calificaciones, no que era el mejor, sino que me sentía el número uno. Uhh, tuve problemas. Hasta que Capital Federal le ganó a Provincia de Buenos Aires en Bahía cuando se despedían los monstruos. Era un Dios en el país, doméstico nomás. Porque cuando tenían que armarse los jueces para ir afuera...en 1989 yo era el mejor árbitro de la República Argentina y los mejores iban a los mejores torneos. Yo quería dirigir el Mundial de mi país. Y no lo hice. Pero soy un convencido de que yo he hecho un aporte importante para que hoy la Liga Nacional esté en carrera. 

-¿Cuál fue el mejor jugador que vio en la cancha cuando usted dirigía?
. Si nombro a uno puedo cometer un error tremendo, porque hubo muchos jugadores con brillos tremendos. Richotti, Marcelo Milanesio, Cortijo, Cabrera, Ginóbili. Sería injusto nombrar a uno. Pichi Campana. No puedo elegir a uno. Del 77 para acá he dirigido a todos. 

-¿Aquel día en Comodoro, cuando terminó muerto un hincha en un incidente que involucraba a los jueces, fue el peor momento de su vida?
. No, ese día Gimnasia venía de varias fechas seguidas perdidas, y tenían todo preparado para ganar de prepo, con el presidente metido adentro de la cancha, con el Loco Montenegro. Un americano que tenía la particularidad que te pisaba disimuladamente para hacerte caer. Y yo le cobraba antideportiva, porque lo estaba viendo. Y el resto haciendo el circo. Lamentablemente me tocó a mi estár ese día. Pero yo tuve la certeza y tranquilidad de haber actuado bien, más allá de saber que te puedes equivocar. Pero yo me equivocaba poco eh. 

-¿Quién es el mejor árbitro de la Argentina hoy?
. Estoy viendo poco, pero siempre me gustó Daniel Rodrigo, aunque ha tenido menos roce internacional que Estevez o Chiti. Tengo muy buenas migas con ellos. 

Fabián García / [email protected]
En Twitter: @basquetplus

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