Historia

Un cuento chino: el romance de la Mamba y la Tortuga

08:48 17/09/2025 | En el Mundial de China 2019, Argentina dejó sin aliento a Francia a los ojos del mundo. Gabriel Deck brilló en semifinales y forjó el fanatismo del crack estadounidense.

Kobe y Gaby, su historia en China

China, septiembre de 2019. Argentina rompe todos los pronósticos, sacude al planeta básquet y manda a casa a Francia para meterse en la final del Mundial. En la tribuna de honor, sentado al lado de Manu Ginóbili, está Kobe Bryant: embajador de la Copa, estudioso incansable del juego, observador obsesivo de cada detalle. Y lo que vio esa tarde lo marcó. No fueron solo los flashes de Campazzo ni el liderazgo de Scola. Hubo otro que se ganó su atención: Gabriel Deck.

El Tortu, con 13 puntos y una actuación sin fisuras, se convirtió en figura de la semifinal. “Kobe me preguntaba quién era, de dónde venía, su historia. Quedó enamorado de él, hasta me dijo que se lo quería llevar a los Lakers”, recordó Manu en distintas entrevistas. El bahiense, testigo privilegiado, aprovechó para contarle a la leyenda angelina sobre ese chico nacido en Colonia Dora que ya mostraba mística de NBA.

Incluso el propio Deck lo recordó con humor: tras el triunfo, intercambiaron unas palabras y Kobe le confesó, entre risas, que quería conocer su pueblo natal. “¿Te imaginás a Kobe en Colonia Dora? Revolucionamos todo. Con el calor que hace, no sé si iba a poder dormir”, bromeó el Tortu.

Esa foto, el saludo entre ambos, quedó inmortalizada y hoy vale oro. Más aún tras la trágica partida de Kobe en enero de 2020. Pero también porque funcionó casi como una premonición: con pasos firmes por Quimsa, San Lorenzo y Real Madrid, Deck terminó cumpliendo el destino que la Mamba había anticipado. Ese mismo jugador que lo deslumbró en Beijing se ganó, poco después, su lugar en la NBA.

El básquet argentino tiene miles de historias de talento, garra y corazón. Pero pocas tan simbólicas como esta: un chico de Santiago del Estero, producto de la Liga Nacional, conquistando al mejor de todos los tiempos en la noche más gloriosa de la Selección reciente. Un romance fugaz, sí, pero eterno.

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