Historias del ascenso: el pibe de 18 años que estudiaba de lunes a viernes y viajaba para jugar los fines de semana
11:00 15/09/2025 | Recientemente lanzamos "40 años de Pasión, Historia del ascenso en la Liga Nacional" y vamos a ir rescatando momentos. Este es uno increíble. Quilmes 1990/91.
Con el lanzamiento de "40 años de Pasión, Historia del ascenso en la Liga Nacional", en Básquet Plus quisimos hacerle un homenaje a una categoría que las pasó todas desde sus comienzos y que, ya con tres nombres distintos a cuestas, igualmente sobrevive justamente en base al título del libro: por la pasión. Y en este sitio empezaremos a mostrar algunos ejemplos de esas historias increíbles vividas en estos 40 años.
Hoy comenzaremos con una muy divertida, inimaginable hoy. Corría el año 1990 y Quilmes de Mar del Plata, tras fallar en los dos años anteriores su intento por ascender, buscó conformar el mejor plantel posible para lograrlo, repitiendo al entrenador: Huevo Sánchez.
Como todos sabrán, Huevo es bahiense y en los 80 había dirigido a Bahiense del Norte, el equipo de los Ginóbili. En esa época el más conocido era Leandro, el mayor, que ya estaba en Quilmes, pero Huevo quiso llevarse al segundo, Sebastián, que tenía 18 años recién cumplidos. Como ocurriría varios años más tarde con el menor, Emanuel, mamá Raquel solo aceptó que Sepo se sumara también a Quilmes con una condición: debía terminar el secundario.
Sepo cursaba el último año en ese 1990, pero la Liga comenzaba en setiembre. ¿Cómo hacer? Sepo lo cuenta: "Al principio, de setiembre a diciembre, iba a Mar del Plata nada más para jugar, porque estaba cursando 6º año del secundario en Bahía. Entonces me iba el viernes y volvía el domingo después del partido. En la semana me entrenaba en Bahiense del Norte. Y para los partidos de visitante, me venía a buscar una familia de Mar del Plata, los Cotignola, y me llevaban en auto hasta la ciudad correspondiente: Pico, Chivilcoy, Campana o Madryn. A la vuelta, me traían de nuevo a Bahía o me tomaba un colectivo y llegaba justo para ir el lunes al colegio a las 7.30 de la mañana".
Así fue durante casi la mitad del torneo. Cuando terminó el secundario, Sepo se instaló definitivamente en Mar del Plata y, como en todo el campeonato, fue el base titular de Quilmes, que no solo ascendió por primera vez a la A sino que se consagraría campeón de la entonces Liga B ganándole la final ya con ambos ascendidos a Olimpia de Venado Tuerto. "Para mí fue un sueño -dice Sebastián-. Era llegar a lo que había aspirado desde chico. Jugar en la A. Y para el club fue muy importante, porque Peñarol había ascendido unos años antes y entonces empezó un clásico maravilloso. Ese día no lo olvido más. El barrio fue una fiesta unas cuantas horas. Encima lo logré con mi hermano, algo que se puede dar muy pocas veces”.
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