"Amor por el juego": la irrepetible clausula de los contratos de Jordan
14:00 28/12/2025 | Michael Jordan firmó con Chicago Bulls un acuerdo que incluía una condición hoy impensada con el profesionalismo y rigurosidad de la NBA moderna.
En 1984, cuando Michael Jordan desembarcó en los Chicago Bulls, su contrato incluyó una cláusula que con el paso del tiempo se volvió casi legendaria: el llamado “love of the game”. Lejos de ser un gesto simbólico, el texto reconocía explícitamente que el jugador estaba “enamorado del juego” y le permitía participar de partidos informales, en gimnasios abiertos o canchas al aire libre, incluso sobre cemento, sin que una posible lesión invalidara su vínculo contractual.
Jordan explicó por qué exigió esa condición. “Si estuviera manejando por la calle y veo un partido de básquet al costado del camino, puedo ir a jugar ese partido y, si me lesiono, mi contrato sigue garantizado”, contó en una entrevista con Mike Tirico. Y profundizó su postura con una frase: “Amo tanto el juego que nunca permitiría que alguien me quite la oportunidad de jugar al básquet”.
La cláusula no impidió que Jordan se convirtiera en uno de los atletas mejor pagos en su era. A lo largo de su carrera en la NBA acumuló 93.8 millones de dólares en salarios, con picos históricos de 30.1 millones en la temporada 1996-97 y 33.1 millones en la 1997-98. Sin embargo, el espíritu del acuerdo estaba lejos de lo económico. Representaba una filosofía más simple: el básquet como juego antes que como industria. “A diferencia de ahora, donde no lo tenés, los jugadores probablemente no juegan. Hoy reciben atención individual de sus entrenadores. Yo sentía que lo mejor para mí era jugar al básquet”, contó MJ marcando el contraste con las rutinas modernas.
Ese contraste ayuda a entender por qué una cláusula así ya no existe. Los contratos actuales están atravesados por seguros, cláusulas de conducta, incentivos por rendimiento, derechos de imagen y negociaciones de agentes. Desde lo legal, una promesa basada en la pasión es ambigua e imposible de medir. Desde lo financiero, los riesgos son demasiado altos, como lo demuestran casos recientes de lesiones sufridas en partidos informales, como la que dejó a Chet Holmgren sin disputar su temporada de novato. Aun así, Jordan defendía el valor formativo del juego continuo: “Larry Bird se pasó un verano entero trabajando su mano izquierda jugando al básquet”, recordó.
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