Michael Jordan, su vuelta final y la conmovedora conexión con el 11/9
15:43 11/09/2025 | La carrera del gran 23 tuvo un último capítulo en la NBA, MJ llegaba a Washington en un desenlace que lo juntó con el atentado de las Torres Gemelas.
El 11 de septiembre de 2001 quedó marcado para siempre en la memoria de Estados Unidos. El atentado contra las Torres Gemelas de Nueva York dejó 2.977 víctimas fatales y cambió la historia del país. Ese mismo día, Michael Jordan —retirado por segunda vez desde 1999— tenía previsto anunciar su esperado regreso a la NBA. El impacto de los ataques fue tal que decidió postergar el anuncio dos semanas, entendiendo que no era momento de protagonismos deportivos en medio de la tragedia.
Finalmente, el 25 de septiembre, Su Majestad confirmó que volvería al básquet. Firmó con los Washington Wizards un contrato por dos temporadas con un salario de un millón de dólares, que decidió donar íntegramente a las familias de las víctimas del atentado. En su comunicado expresó: “Aunque estoy entusiasmado por mi inminente regreso a las duelas, estoy profundamente entristecido por los trágicos acontecimientos recientes y mi corazón está con las víctimas y sus familias. Por profundo respeto hacia ellos, no participaré en entrevistas con los medios antes del inicio del campo de entrenamiento”.
El regreso de Jordan tuvo una carga simbólica aún mayor porque se produjo en Nueva York, en el Madison Square Garden, apenas un mes y medio después del 11-S. Jordan visitó Ground Zero y hasta fue invitado a tocar la campana de apertura en Wall Street. Sin embargo, el partido inaugural ante los Knicks no fue el soñado: con 19 puntos y un 7/21 en tiros, quedó lejos de su mítica actuación de 55 tantos en ese mismo estadio en 1995.
Más allá de lo deportivo, hubo gestos que definieron la humanidad de Jordan en ese contexto. Conoció a Corbin Mayo, un niño que había perdido a su padre en los atentados, lo invitó a ver partidos, compartió tiempo con él y le regaló su camiseta número 23 autografiada. Así, el último capítulo en la carrera del mejor jugador de todos los tiempos quedó inevitablemente ligado a una de las páginas más oscuras de la historia estadounidense, mostrando a un Jordan distinto: menos invencible en la cancha, pero más humano fuera de ella.
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