El costo oculto de los 65 partidos: cuando la NBA pone el dinero por encima del juego
15:45 01/01/2026 | La regla creada para frenar el “load management” vuelve al centro del debate: define MVPs, contratos, carreras y decisiones médicas que pueden salir caras.
La reciente lesión de Nikola Jokic ha funcionado como un recordatorio agridulce de que, en la NBA moderna, el talento a veces no es suficiente si el cuerpo no obedece a un calendario burocrático. Aunque la baja del serbio lo aleja de la carrera por el MVP de forma natural, el foco ha vuelto a quemar sobre la regla de los 65 partidos mínimos, una norma instaurada en 2023 que intenta legislar el esfuerzo físico. Anoche, un susto con Wembanyama pudo bajar definitivamente a otro candidato a premios.
Históricamente, la liga nunca necesitó de leyes rígidas para valorar la constancia: solo cinco jugadores ganaron el MVP sin llegar a esa cifra, y casi todos lo hicieron en temporadas excepcionalmente cortas. El caso de Bill Walton en 1978 permanece como el único testamento de una época donde los votantes tenían la libertad de usar el sentido común para entender que la excelencia de un jugador podía ser tan brillante que compensara sus ausencias, sin necesidad de un cronómetro en la mano.
El escenario cambia drásticamente cuando dejamos de hablar de trofeos y pasamos a las selecciones All-NBA, donde la salud se ha convertido en una moneda de cambio financiera. Entre 2013 y 2023, más del 13% de los elegidos no alcanzaron los 65 encuentros, reflejando una era donde estrellas como LeBron James, Stephen Curry o Kawhi Leonard redefinieron la longevidad a través del descanso planificado.
Para los veteranos, jugar menos no significaba rendir peor, sino administrar su energía para mantenerse en la cima. Sin embargo, lo que antes era una estrategia de salud, hoy es una barrera que puede costar millones de dólares, ya que estas distinciones son las que activan las cláusulas para saltar del 25% al 30% del tope salarial, lo que se perdió Jalen Williams de OKC por ejemplo.
Esta presión económica ha humanizado el conflicto de la peor manera posible, transformando la recuperación de una lesión en una carrera contra el reloj financiero. El ejemplo de Tyrese Haliburton resulta desolador: un joven talento que admitió haber forzado su regreso a las canchas antes de estar recuperado solo para cumplir con la cuota de partidos, sacrificando su nivel de juego y poniendo en riesgo su integridad física por miedo a perder una fortuna. Al imponer un mínimo de juegos, la NBA corre el riesgo de coronar no a los 15 mejores jugadores del mundo, sino a los 15 más resistentes dentro de un grupo cada vez más castigado por el ritmo de juego.
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