La marca del trueno; 2025, el año que soñó Oklahoma City
09:40 29/12/2025 | OKC copa el anuario NBA, un equipo joven que logró historia y plantó la semilla de una dinastía. Campeonato, MVP, récords y más récords en un conjunto aún sin techo.
El 2025 quedará marcado como el año en que la NBA encontró un nuevo centro de gravedad. Oklahoma City Thunder, la franquicia más joven en espíritu y una de las más pacientes en planificación, levantó el Larry O’Brien tras una temporada que rozó lo inverosímil: 68 triunfos, apenas 14 derrotas y una diferencia promedio de +12,9 puntos por partido, la más alta en la historia de la liga. No fue solo un campeón: fue un equipo que dominó de punta a punta y confirmó que el largo proceso iniciado por Sam Presti, entre traspasos impopulares y noches de derrotas estratégicas, tenía un destino claro.
En el corazón de esa conquista estuvo Shai Gilgeous-Alexander, el rostro definitivo de la NBA en 2025. MVP de la fase regular, líder de un equipo coral y figura absoluta en los momentos decisivos, el canadiense coronó el año con el MVP de las Finales tras cerrar el séptimo juego ante Indiana con autoridad. Su temporada fue una síntesis perfecta entre eficiencia, regularidad y liderazgo, y lo ubicó definitivamente en la cima del juego. La carrera por el premio individual, sin embargo, tuvo un contrapeso de peso: Nikola Jokic volvió a empujar los límites de lo posible para un pivote, coqueteó con su cuarto MVP y sostuvo a Denver con números incluso superiores a los de sus campañas premiadas, confirmando que la década también le pertenece.
Mientras OKC construía una hegemonía joven, el Este recuperó una narrativa histórica. Los Knicks volvieron a discutir en serio los grandes escenarios, finalistas de Conferencia después de un cuarto de siglo, con Jalen Brunson como eje de un equipo que dejó atrás años de irrelevancia. Su liderazgo en playoffs, el regreso del Madison Square Garden a las noches de presión real y la conquista de la Copa NBA marcaron un punto de inflexión: Nueva York volvió a ser un actor central, no por nostalgia, sino por juego y resultados.
El año también quedará grabado por el movimiento que sacudió los cimientos de la liga: el traspaso de Luka Doncic a Los Angeles Lakers. Una decisión tan inesperada como disruptiva, que puso a un europeo como la cara de la competencia para los próximos años en el centro más mediático. En contra partida, el cáos de Dallas, la llegada de Anthony Davis, entre lesiones e infortunios como la rotura de ligamentos cruzados en la rodilla Kyrie Irving. Un terremoto que ajitó la lotería del draft y encaminó a un talento generacional como Cooper Flagg a vestir de azul texano.
En paralelo, Detroit firmó la mayor sorpresa del calendario. De 14 victorias a 44 en apenas un año, los Pistons se transformaron en un equipo competitivo de la mano de Cade Cunningham, quien dio el salto definitivo a la elite, y de un contexto colectivo que encontró orden, roles y confianza. Fue la prueba de que, incluso en una liga cada vez más concentrada en los grandes mercados, el crecimiento sostenido todavía puede romper pronósticos. En definitiva, un curso que no solo entregó un campeón, sino que reordenó el relato completo de la NBA.
Pablo Catalá / [email protected]
En Twitter: @basquetplus
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