Argentina y los problemas de la final de la Americup repitiéndose contra Uruguay
19:34 28/02/2026 | El equipo de Prigioni cayó ante Uruguay con solo 44 puntos, en un partido muy similar ofensivamente a la final ante Brasil. Ambos figuran entre los tres de menor goleo de Argentina desde el reloj de posesión.
Argentina perdió ayer contra Uruguay por 61 a 44 y, este encuentro, tuvo varios puntos en común con la final perdida de Americup del año pasado ante Brasil. Ambos encuentros presentan una similitud central: la incapacidad ofensiva de Argentina para encontrar soluciones colectivas cuando el rival logró imponer un juego físico y defensivamente disciplinado. Tanto en la final de la Americup ante Brasil como en la derrota frente a Uruguay, el equipo de Pablo Prigioni cayó en ofensivas estáticas, con poco movimiento de balón y excesiva dependencia del uno contra uno. Esa falta de fluidez derivó en marcadores extremadamente bajos y en largos tramos sin anotaciones, algo determinante en los dos resultados.
Otra coincidencia clara aparece en la manera en que los rivales cerraron la pintura. Brasil y Uruguay congestionaron los espacios interiores, obligando a Argentina a lanzar desde el perímetro sin ritmo ni ventajas previas. Los porcentajes reflejan esa problemática: tiros forzados, baja eficacia exterior y escasa generación de tiros cómodos. Cuando la albiceleste intentó atacar desde el pick and roll o penetrar, se encontró con ayudas constantes y cambios defensivos que rompieron cualquier continuidad ofensiva.
El rebote ofensivo y la presencia física también marcaron paralelismos entre ambos partidos. Argentina sufrió la falta de peso interior y perdió claramente las segundas oportunidades, algo visible tanto en la final continental (que no pudo tener tanto en cancha Juan Fernández por acumulación de faltas y una lesión de rodilla) como ante los charrúas. Esa desventaja no solo limitó las segundas chances de anotación, sino que además permitió a los rivales controlar el ritmo del juego y evitar transiciones rápidas, un aspecto que había sido positivo para el equipo en otros partidos del torneo.
A pesar de algunos intentos aislados, Argentina casi no consiguió puntos de contraataque, quedando atrapada en ataques largos y previsibles que favorecieron a las defensas rivales.
Finalmente, los dos juegos evidencian un patrón táctico repetido: defensas argentinas competitivas que lograron mantener al equipo cerca en el marcador, pero sin respaldo ofensivo suficiente para cambiar la dinámica. Brasil y Uruguay ganaron sin grandes producciones ofensivas propias (los uruguayos la metieron un poco más y por eso lo liquidaron antes), pero administraron mejor sus posesiones ante una Argentina imprecisa y con pocas variantes. La similitud más profunda, entonces, no está solo en el resultado, sino en un mismo problema estructural que terminó desembocando en 2 de los 3 goleos más bajos de Argentina desde que existe el reloj de posesión.
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