Informe especial

¿Quiénes formarían el mejor quinteto histórico de Olimpia?

10:18 15/05/2020 | Seguimos con esta serie de notas dedicadas a jugar con la historia. En este caso, elegimos a los mejores cinco de Olimpia de Venado Tuerto en la Liga Nacional.

Montecchia, Racca, Jadlow, Wilson y Uranga (Fotos Marcelo Figueras)

Olimpia de Venado Tuerto tuvo su gran etapa en los 90, consiguiendo el título de la Liga Nacional en 1995/96 en una recordadísima final ante Atenas de Córdoba 4-3 en siete partidos, y por eso su quinteto ideal histórico no tiene demasiada discusión: son los de ese equipo. 

En la base podría haber una pequeña discusión porque ese plantel tuvo dos de excelentísimo nivel, pero Alejandro Montecchia era indudablemente el titular y una de las grandes figuras de ese equipo inolvidable, que también ganó la Liga Sudamericana en 1996. El Puma estuvo 4 años en Olimpia, el último con números extraordinarios: 19.2 puntos, 3.8 asistencias, 3.5 rebotes y 2.9 robos. Lucas Victoriano fue el otro gran base de Olimpia en su historia.

El escolta no tiene discusión: Jorge Racca. El pampeano jugó en Olimpia sus mejores años de Liga, con tres años formidables que terminaron con promedios de puntos que hoy serían imposibles: 17.7, 26.6 y 28.3. Impresionante. 

El alero es Todd Jadlow, aunque podría haber sido Fennis Dembo, pero elegimos al que salió campeón y fue figura, con un estilo de juego particular. No siendo atlético, pero con una mano de tres puntos, era el encargado de abrir la cancha ante un cuatro como Wilson que no tenía tiro. Un asesino del aro: 27.4, 22.4 y 20.8 puntos de promedio en sus tres años en el club.

Justamente Wilson es el mejor ala pivote de la historia de Olimpia. Líder absoluto del equipo que ganó todo en 1996, Wilson era el termómetro y el hombre que controlaba todo lo que pasaba, como hizo en casi todos sus equipos en Argentina una vez que se convirtió en conocedor de nuestra competencia. 

El cinco queda para Sebastián Uranga, el otro gran líder de ese plantel, sobre todo el que manejó el entusiasmo y ansiedad de un grupo de pibes que pintaba, como Victoriano, Leo Gutiérrez y luego Walter Herrmann. Quizá sus números no fueron extraordinarios, pero su incidencia en el rendimiento del equipo fue vital.

 

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