NBA 2020/21

La sorprendente historia de Boban Marjanovic, la torre serbia

21:35 25/11/2020 | Ninguno de sus padres medía más de 1.75. Una afección en su glándula pituitaria lo llevó al gigantismo. Superó de todo para jugar en la élite del básquet.

Marjanovic encontró un hogar en Dallas (Foto: Clutch Points)

Cuando llegó al mundo fue un bebé como cualquier otro. Su cabeza era normal, al igual que sus manos, pies y cuerpo. No había nada de malo en él. Nunca habrá nada de malo en él. Es un ser de luz, tan sereno y amistoso como divertido e inocente. Sus padres no estaban ni cerca de ser altos. Su mamá medía apenas 1.52 y su papá 1.75. 

Ellos decidieron llamarlo Boban y portaría el apellido Marjanovic. Nadie en ese entonces esperaba lo que ocurriría luego, cuando ese niño sufrió una anomalía que le puso enfrente el destino. Con el tiempo se fue desarrollando una afección en su glándula pituitaria que lo llevó al gigantismo y a los 14 años ya sobrepasó los 2.00 metros de altura. 

Los padres del serbio no eran altos y su afección lo condicionó, pero quizás eso no haya sido lo único que le afectó. Según contó el propio Boban en algunas entrevistas, hay un antecedente en su familia con este tipo de crecimiento desmedido y es que su bisabuelo era tan pero tan grande que en la villa en la que vivían nadie podía conseguirle un par de zapatos. 

Zajecar, que fue una parte de la República Socialista de Serbia en la antigua Yugoslavia, lo vio pestañear por primera vez un 15 de agosto de 1988 y con los años esa altura indómita se tradujo en la creación de uno de los mejores basquetbolistas balcánicos del momento. Su romance con la esférica empezó en el Rtnaj, cuando apenas tenía entre siete y ocho años.

Un talento en proceso
Poco a poco Marjanovic fue estirándose y la primera muestra se produjo a los 14, momento en el que el Hemofarm, un conjunto profesional de Serbia, decidió ficharlo para foguearlo y ayudarlo en su desarrollo. En ese entonces ya era uno de los mayores proyectos del país y en la temporada 2005/06 el europeo pasó a formar parte del primer equipo, sumando experiencia en la Liga Adriática. 

Salió de los algodones en enero de 2007 cuando se fue a préstamo al Swisslion Takovo del campeonato serbio. Estuvo alrededor de cuatro meses en su nueva escuadra y luego se volvió con otra confianza al Hemofarm, manteniendo un papel protagónico por tres temporadas. 

Esa clase de talentos necesitan de crecimiento constante y sus raíces querían salir como las de un árbol atrapado en una plaza. Así fue que en el 2010 lo vinieron a buscar de Rusia. El CSKA de Moscú lo quería incorporar y el coach de esa época, Dusko Vujosevi, estaba deseoso de contratarlo. Veía en él un diamante en bruto y lo fueron llevando con paciencia. 

Nada es ideal
Lamentablemente, las cosas no salieron conforme a lo planeado y tras tres meses fue cedido al Zalgiris de Lituania. En la escuadra verde se quedó hasta que terminó la temporada y después decidió rescindir el contrato con el CSKA. Era tiempo de un nuevo desafío y se mudó al Nizhny Novgorod, otro equipo ruso. Esa inestabilidad se mantuvo por un tiempo, volviendo a Serbia en 2012, donde jugó para el Mega Vizura. Allí las cosas mejoraron un poco para Boban y su rendimiento fue tan bueno que terminó siendo elegido el MVP de la Liga de Serbia. 

Tarda en llegar, pero al final hay recompensa, de esa manera se dio la oportunidad que apareció en las manos de Marjanovic como si hubiera frotado una lámpara y aparecido el genio más buscado. El poderoso Estrella Roja lo contrató y el gigante esta vez no defraudó, promediando 15.5 puntos y 7.7 rebotes en la 2013/14.

Para ese entonces Boban era otra persona. Pelo corto, físico desarrollado y una confianza plena en su juego. Nadie, absolutamente nadie, podía frenarlo. En la Euroliga rompió todo tipo de marcas en la 2014/15 y alcanzó récords de valoración (25.6), rebotes (256) y dobles-dobles (16). No solo eso, también fue el MVP de los playoffs en el campeonato local del Estrella Roja, en el que los suyos liquidaron 3-0 la serie ante el Partizan, con Marjanovic jugando lesionado tras golpearse el pie izquierdo. 

Destino desconocido
¿Se acuerdan lo de que el interno necesitaba constantes desafíos y elevar su techo en todo momento? Al finalizar esa temporada, y luego de ser por escándalo el mejor pivote de la Euroliga, tuvo la oportunidad de materializar aquel sueño que se le había truncado en el 2010 cuando decidió presentarse al Draft de la NBA. La vida le jugó una revancha y él no dudo en tomarla. 

Firmó con los Spurs por una temporada y 1.2 millones de dólares, y puso rumbo a Texas para cumplir lo que en su momento pareció una quimera. Rápidamente se metió a los fanáticos en el bolsillo por su carisma y aprendió a los golpes en la cancha, soportando los constantes contratiempos que surgían, especialmente, porque le costaba entender las jugadas del sistema de Gregg Popovich. Apenas promedió 5.5 puntos, pero todos creían que por su margen de progreso valía la pena esperarlo. Ya llegaría el tiempo de que florezca, solo había que regarlo. 

La situación se truncó cuando los Pistons le ofrecieron una propuesta que los Spurs decidieron no igualar. Corría el 7 de julio de 2016 y el contrato que le dieron los de la Ciudad del Motor fue por tres temporadas y 21 millones de dólares. Como era agente libre restringido, San Antonio podía emparejar la suma y mantenerlo en el equipo, pero decidió lo contrario y el pivote puso rumbo a la Conferencia Este. 

Como en sus tiempos en el CSKA, la inestabilidad volvió a pisarle los talones y Marjanovic se pasó las próximas temporadas en los Pistons, los Sixers y los Clippers, hasta que recayó en los Mavericks en la 2019/20. Desde su primer año de novato en San Antonio que Boban no completaba 40 o más partidos en un solo equipo y en la franquicia de Mark Cuban, rodeado de europeos y jugadores internacionales, el serbio parece haber encontrado su lugar en el mundo, donde las risas monopolizan la ciudad. 

Nada es suficiente
Nunca alcanzó en la NBA el nivel que mostró en Europa, pero sí que se arriesgó al cruzar el mar y volver a empezar. No le quedó otra, siempre se movió y jamás se conformó. 

Su risa dice mucho. Su historia aún más. 

 

 

Ignacio Miranda/ [email protected]
En Twitter: @basquetplus
En Twitter: @nachomiranda14

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