NBA

El comercial que forjó la amistad entre Magic Johnson y Larry Bird

09:03 09/03/2020 | Las dos estrellas más emblemáticas de los años ochenta eran rivales dentro de la cancha y casi no se saludaban fuera de ella. Una publicidad lo cambió todo.

Magic Johnson y Larry Bird, dos leyendas de la NBA. Foto: Corbis.

Magic Johnson y Larry Bird. Una sentencia, dos nombres y la posibilidad de englobar en ellos el mundo NBA tal y como se lo conoce en la actualidad. Sin ellos, todo lo que sucedió y sucede no hubiera sido posible. En la década del ochenta, la liga encontró la salvación al incorporar en su menú principal a la mayor rivalidad que dio esta competencia. Una que fue acérrima dentro de la cancha y, en un principio, también fuera de ella. Aunque pocos lo crean, la historia demuestra que los dos protagonistas de este relato comenzaron a transitar el largo y sinuoso camino hacia la amistad a partir de un comercial de zapatillas.

Todo ocurrió en 1986. Para ese entonces, la pugna había tenido capítulos dignos de una novela estadounidense: desde aquella final por el campeonato de la NCAA de 1979 que coronó a Magic y la Universidad de Michigan State hasta las Finales de la NBA de 1984 y 1985, una para cada bando. Y, en esos momentos, no había otros bandos que no fueran Los Angeles Lakers y Boston Celtics. Eran años en los que cualquier aspecto se utilizaba para rivalizar. Sería absurdo omitir que, en ciertos casos, muchos oportunistas quisieron convertirlo en una guerra racial. Bird y Johnson siempre se mantuvieron alejados de esas disputas. Pero también le escapaban al otro. Sobre todo el alero de los Celtics, caracterizado por su carácter parco y reservado. El base de los Lakers, quien por momentos intentó escabullirse en su círculo más cercano a base de sonrisas, debió resignarse a ser poco más que colegas.

Hasta que llegó dicho año y el momento que cambió la relación. Converse, marca que vestía a ambas estrellas, se dispuso a producir un comercial con ellos dos como únicos protagonistas. Si bien eran dos polos opuestos en casi todo, coincidieron en la respuesta que ofrecieron ante la proposición: “No hay ni una chance de que yo haga una publicidad con él.” Los productores, encomendados a realizar algo histórico, no se dieron por vencidos. Finalmente, Magic cedió. Su idea era filmarlo en Los Angeles, territorio que le pertenecía. Sin embargo, Larry tenía bien en claro que no iba a pisar California si no era para medirse en la cancha: “¿Quieren filmar algo? Que venga a mi casa.” Su casa era French Lick, el pequeño pueblito de Indiana en el que nació y creció y en el que también meditaba en sus tiempos libres. Johnson aceptó, más por presiones externas que por voluntad propia.

Al ver el lugar, Magic se asombró. No tanto por los lujos que ya ostentaba en su vida, sino porque le recordaba mucho a Lansing, la ciudad de Michigan en la que se convirtió en un hombre. Aún pensaba en hacer las cosas lo más rápido posible e irse cuanto antes, pero había algo de ese entorno que lo teletransportaba a la infancia. Así y todo, el gran interrogante era saber cómo los dos rivales más encarnizados de la NBA iban a unirse en un set de filmación. Ni siquiera se saludaban.

Primer dia de grabación. La cancha de la casa que Bird le había construido a su mamá, el escenario. Los productores, en medio de las dos estrellas y con una petición: “Ahora, jugarán un uno contra uno.” Ambos se miraron extrañados. ¿Ellos? ¿Las dos principales figuras de la liga? ¿Los rivales de toda la vida? No podía terminar bien. “Larry miró a Magic como diciéndole que, si iba a hacia el aro, él iba a mandar el balón a la estratósfera”, contó años después Mark Bird, hermano de la leyenda, en el documental Magic & Bird: A Courtship of Rivals. Cuando se enteraron que iba a ser un juego amistoso, respiraron aliviados. Sabían de lo que se habían salvado.

Ese paso llevó al siguiente: la charla. El base se interesó por la vida rural de su compañero de Draft. Le preguntó por los tractores y por el predio que había construido. Lo ablandó y, al mejor estilo Magic Johnson, le sacó una sonrisa. El alero, por su parte, lo invitó a cambiar la comida que había traído su gente por un almuerzo preparado por su mamá, en la casa familiar. Y, como por arte de magia, la relación se desbloqueó: Magic dejó su lugar a Earvin, el joven de Michigan que vio en la madre de Bird un reflejo casi exacto de la suya. Larry conoció al ser humano detrás de la estrella y se enamoró de su personalidad. Entre tractores y vacas, se había forjado una amistad que parecía imposible.

Los años afianzaron el vínculo al punto de que en 1991, cuando Johnson contrajo VIH, una de las primeras personas en llamarlo y preocuparse por su salud fue el propio Bird. “Después de tantas batallas, de tantas cosas que hemos pasado como hombres y como guerreros, que él me dijera que iba a estar bien… fue una de las cosas más grandiosas que me ha sucedido”, supo decir Magic, entre lágrimas. Un comercial de zapatillas provocó que los dos atletas más emblemáticas de la época pudieran ponerse en los zapatos del otro. El resto es historia. Y de la grande.

 

Leandro Carranza/[email protected]
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