Informe

Uliana Semenova, la gigante soviética que dominó el mundo

16:19 28/09/2020 | Fue la pivote más importante del planeta en las décadas de los 70 y 80, pero vivió la era previa a la apertura global y la WNBA y se retiró en la pobreza.

Uliana Semenova es un nombre que para los jóvenes amantes del básquetbol femenino sonará extraño. Sin embargo, los mayores de 40 no pueden haberla olvidado. Nació el 9 de marzo de 1952 en Medumi, Letonia, y fue probablemente la jugadora más importante del siglo XX. 

Le tocó vivir la etapa más exitosa y cerrada de la Unión Soviética, selección con la cual ganó dos Juegos Olímpicos, tres Mundiales y ¡10 Europeos! El dato más impresionante: perdió un solo partido con la URSS: el último, ante Estados Unidos, por los Juegos de la Buena Voluntad de 1986.

A nivel clubes, con el Daugawa Riga, fue todavía más contundente: 15 ligas soviéticas y 11 Euroligas de la época. El tema es que apenas tuvo carrera internacional, ya que la apertura de la URSS para sus basquetbolistas (hombres y mujeres), la tomó ya de muy grande. 

Sin embargo, Semenova tuvo una pequeña participación en el Tintoretto de Getafe de España, aunque ya con 35 años y varios achaques de la edad y del físico. Medía 2.13, calzaba 56 y no era precisamente atlética, pero con ese tamaño dominaba el básquetbol mundial casi a su antojo. En su debut con el Tintoretto sumó 22 puntos ¡y 31 rebotes! Nadie podía con Uliana.

Cuentan en España varias historias de Uliana. Una es que llamaron a la empresa que le hacía la ropa a Fernando Romay, que medía lo mismo que Semenova, para que le confeccionara la vestimenta. Además, mandaron a fabricar una cama especial con seis soporte y extragrande, porque Semenova pesaba 135 kilos, además de ser muy alta. 

Otra particularidad fue el tema de su salario. Entonces, pocos sabían que en los casos de los soviéticos que se iban a jugar al extranjero, el 95% de los ingresos iban a parar a manos del Estado, con lo cual Semenova vivía en España con apenas el equivalente hoy a 300 euros mensuales. A veces, reconoció años más tarde, pasaba hambre. 

Se retiró un año después de su excursión española, tras jugar otra temporada en el extranjero, esta vez en el Valenciennes Orchies de Francia en 1988/89. Hoy tiene 68 años, y vive en su Letonia natal, dicen, en la mayor humildad. No pudo sacarle jugo económico a una extraordinaria carrera, pero quedó en el recuerdo como, quizá, la más grande jugadora que haya pisado este mundo.

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Archivo y As

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